Y que viiiiivan las vacaciones

Carlos, Tripi, Tequila, Peyote, el perro de tres patas y yo, estamos de minivacaciones en la playa. El perro está como niño saharaui de acogida (sólo que de Cuenca y en perro) y dependiendo de cómo se comporte, se quedará con nosotros después del verano o no. Por ahora aprueba con sobresaliente. El único problema lo da (para variar) Peyote, que gusta de subirse a su chepa para jugar a la lucha libre. Es la misma gamberrada que hace con todos nosotros, pero claro… como los demás tenemos el set de patas completo, nos mantenemos en equilibrio el tiempo suficiente para atizarle un sopapo, pero el pobre perro tripático vuelca dos veces de cada tres. Y todo el mundo sabe que es cantidad de complicado quitarte un gato del cuello cuando estás panza arriba como una tortuga. Por ahora lo único que consigue es patalear en el aire y lloriquear para que le desincrustemos al psicokiller del cuello.

Si no fuera porque es el gato favorito de Carlos (y porque cuando no mata es cantidad de simpático) haría ya mucho mucho tiempo que habría convertido a Peyote en una alfombrilla para el baño. No recuerdo haber tenido tanta paciencia con un gato en mi puñetera vida.

Ocupamos un chalet que la familia de Carlos tiene en Oliva, y como estamos los dos solos, cada día dormimos en una habitación diferente. Mi favorita es la buhardilla, porque desde la almohada tengo una visual mar+dunas que es algo espectacular. Se supone que son unas vacaciones para que Carlos se desestrese y recupere una tensión arterial como dios manda, pero la inactividad laboral me hace especialmente proclive a las ideas de bombero, así que últimamente nos ha dado por apagar todas las luces de la casa y jugar a las tinieblas por la noche. Es un chalet de tres pisos y cinco habitaciones, así que podemos llegar a darnos unos 20 sustos de muerte por jornada. Él más que yo, porque ha resultado ser un cabronazo muy imaginativo para buscar escondites que puedan matarme de un infarto.

Entre las jornadas sexuales, las de sustos, y las de aullidos de perro mutilado, fácilmente habrá algún vecino de los alrededores que piense que la casa ha sido ocupada por una nueva ramificación de la familia Manson.