Deberíamos ponerle algún nombre al perro

Me da muy mal rollo tener que regresar a Madrid el sábado. En parte por tener que dejar el miniparaiso del que hemos disfrutado estos días y en parte también por volver a meter a nuestro perro saharaui en una jaula. Se le ve cantidad de feliz por ahí suelto, dejando huellas en diagonal de costa a costa o nadando sumergido al bies en el mediterráneo. Parece uno de esos perritos cutreplastiqueros de cuerda que venden en las ferias. De esos que sueltan en un barreño de agua para que hagan pleca-pleca-pleca-pleca…

Carlos está genial. Los sustos le han desestresado mogollón (fíjate qué cosas…) y sigue manteniendo una tensión perfecta de 11-8. El lunes volverá a trabajar y supongo que también volverá a estresarse de nuevo. Alguien me ha chivado estos días que un director de fotografía de cine puede ganar la friolera de 4000 euros por semana de rodaje. Le he dicho que por qué no buscaba trabajo en el cine y de paso me contrataba para llevarle los zumos de naranja (o algo parecido), pero me ha contestado que él no podría sentirse bien consigo mismo, colaborando en basuras tipo «Tensión sexual no resuelta» o «Águila Roja». Yo le he dicho que en cuestión de cine español también se hacían películas buenas y me ha pedido que le dijera una. He estado pensando cerca de veinte minutos y al final no se me ha ocurrido ninguna posterior a 1970, así que me he visto en la obligación de reconocer que sí. Que el cine español es una mierda.

La verdad es que yo no soy tan orgulloso como Carlos. De hecho estaría dispuesto a fotografiar todas las mierdas del mundo mundial si con ello pudiera levantarme 16.000 pavos al mes. Creo que es porque en cuestiones de ética y moral by Marx, siempre estaré más cerca de Groucho, que de de Karl.