De esas veces que parece que alguien escribe un guión

Hoy nos hemos encontrado otra vez con Bosco, de boca a pies. Estaba mucho más delgado y con una expresión muy triste en los ojos. Y no se ha dedicado a atacarme como siempre. En realidad ni me ha mirado. Sólo ha mantenido una conversación de veinte segundos (veinte, contados) con Carlos en la que le ha dicho que había roto con su actual pareja y que estaba destrozado.
Y en ese momento he sido cabrón. No soy cabrón muchas veces al día. Cabrón de verdad, quiero decir. No de los que se meten con Conchita, sino de los que desean a los demás cosas malas, aún a sabiendas que lo son. Normalmente intento ir en armonía con el asunto del kharma y procuro hacer y pensar cosas positivas, pero esa ha sido una de las «otras veces». Porque lo único que podía pensar era que Carlos en ese momento se apiadaría de él y diría algo así como «cuánto lo siento, se te ve fatal, íbamos a ir a cenar fuera, vente si quieres…» y en lugar de sentir que era lo que deberíamos hacer, porque un dolor de corazón es un dolor de corazón, algo dentro de mí ha pensado «nolodigasnolodigasnolodigas… quesejodaquesejodaquesejoda…»

Y no. Resulta que no lo ha dicho. Le ha dedicado un gesto frío, ha soltado: «Son cosas que pasan. Te deseo buena suerte. Chao» y me ha pasado el brazo por el hombro para continuar nuestro camino.

Le he dicho: «No perdonas una traición. Tendré que tener cuidado con eso» y ha contestado «Tú no eres de los que traicionan. Tienes un corazón blanco.» Entonces he preguntado: «¿Y tú? ¿qué corazón tienes tú?» y él ha dicho: «Por primera vez, uno lleno.»

Ya lo dije una vez. Siempre se le ocurren unas frases cojonudas para cerrarte la boca, cuando es menester.