Alegría, alegría y pan de Madagascar…

Bueno, pues me tienen que hospitalizar mañana, para mirarme las tripas y matar, si es menester, a mi amiga la escherichia, antes de que se coma mis últimos kilos de grasa y me mate ella a mí. Eso supondrá pasar la mitad de mi cumpleaños en el hospital. Bueno. La verdad es que ya me voy acostumbrando a que me pasen cosas así. Podría ser peor. Podría ser lepra. Siempre es mejor pasar el cumpleaños sin tarta que sin dedos de los pies.

Hoy le han hecho la prueba de esfuerzo a Carlos. Esa en la que te pegan un montón de electrodos al pecho y te ponen a correr en una cinta. Le ha preguntado al cardiólogo «¿cuánto tengo que estar corriendo?» y el médico ha respondido «todo lo que aguantes hasta tu máximo esfuerzo». 40 minutos. 40 minutos ha estado corriendo el muy cabrón y encima hasta la quinta velocidad. No puedo evitar unos cuantos gramos de envidia cada vez que le veo hacer una de sus demostraciones a lo «increible Hulk». Si hubiese sido yo el de la cinta, hubieran tenido que pararla a los cuatro minutos, para hacerme una reanimación cardíaca. He decidido que cuando pase todo este lío de la escherichia de las pelotas, voy a dedicar cuerpo y alma a ponerme un poco en forma. Y no pararé hasta que, por lo menos, deje de contarme las costillas en la cama.

Los resultados de la prueba de esfuerzo le han salido cojonudos (aunque eso ya lo estaba sospechando yo sin necesidad de monitor, viendo que en el minuto 36 nisiquiera había empezado a sudar) así que lo de su hipertensión sigue siendo un misterio. La semana que viene le pondrán un holter y será la última posibilidad de averiguar algo al respecto (yo sigo pensando en la opción superhéroe). Iban a ponerle el holter mañana, pero no se ha dejado porque quería estar en el hospital conmigo (qué majete). Ha sido cantidad de divertido verle decir «mañana no puedo porque hospitalizan a mi… a mi… mi… este… mi…» y quedarse ahí, bloqueado y señalándome, mientras cardiólogo, enfermera y Ariel esperábamos para ver qué demonios elegía como terminación de frase.

Tequila ha empezado a hacerse pis por las esquinas sin venir a cuento. Temo que esté enferma o que sean algunas paranoias hormonales de las suyas. Una se mea, el otro me asfixia… qué estupendo. Sólo falta que un día de estos, Tripi me escupa.