Bueno pues…

… prueba superada.

Vaya día maravilloso que pasamos ayer. Primero llegar. Luego empastillarme. Después enfermera que dice “ahora tenéis que esperar seis horas para que haga efecto la medicación y te hagamos la prueba”. Y hala. Seis horas ahí tumbado, en una de esas camas de urgencias con biombo, mirando al techo. Tic tac tic tac… Y se cumplen las seis horas y viene la doctora para decirme que hay que esperar una horita más. Pues hala. Otra horita. Tic tac tic tac… y mis tripas haciendo grlgrlgrlgrl… Y Carlos sentado en el sillón y preguntándome si me importaba que pusiera el tour en la televisión de la sala, para ver cómo iba la carrera. Y yo diciendo que no, claro. Que si tenía que pasarse también ahí encerrado las ocho horas, pues que al menos lo hiciera interesado en algo. Y hala. Dos horitas viendo ciclistas. Y cuando por fin me vienen a buscar para la prueba me dejan en una esquina y dicen “es que el anestesista está en una operación de urgencia, tienes que esperar un poquito más a que salga”. Y hala. Ooooootra hora más. Ahí, en mi camita de ruedas aparcada en una esquina, como un pobre abuelito abandonado de gasolinera.

Me entraron por fin sobre las siete y media. Yo había ingresado a las ocho de la mañana. Once horas y media de grlgrlgrl, aburrimiento y dolor de lumbares de tanto estar panza arriba (que cuando me incorporé tuve que hacerlo en plan Nosferatu del agarrotamiento que llevaba en la espalda). Cuando salí, ya eran las diez y pico de la noche. La enfermera me dijo “te puedo dar habitación para que pases la noche más tranquilo, o te damos algo de comer para ver como lo asimilas y te firmo el alta”. Yo agarré la manga de Carlos con gesto de “por tus muertos, sácame de aquí…” Él me entendió a la primera. Miró a la enfermera y dijo “preferimos irnos, aunque sea tarde”.

Y tanto que lo preferíamos.

Pero, en fin. Nada de eso importa porque hoy me siento muuuuuuuuuuuucho mejor y, por primera vez en dos meses, he desayunado con hambre. Si me queda algún cacho de escherichia, desde luego esta mañana se ha tenido que poner las botas, porque me he saltado la precaución a la torera, y he desayunado como un rajá. Pero no como un rajá de Cuenca, no… como un rajá de los de verdad. En la cama, y con zumo, cava, bollos calientes, fruta fresca, quesos variados, té de menta, huevos revueltos, dátiles, ramos de margaritas, tarjetas de felizcumpleaños, gatos dando por culo… Ah ¡y he tenido regalos! ¡muchos regalos! regalos de los de verdad. De los que molan y tienes que abrir y decir coñoquebonitoporquetehasmolestado.

Carlos ha terminado de ser cantidad de bueno conmigo (digo terminado, porque ya empezó aguantando el coñazo de ayer en el hospital) y me ha regalado un fin de semana de tratamiento spa en un balneario (los escherichianos es que arrastramos todos un aspecto un poco tenso) y… y… y…. ¡¡¡¡la nintendo 3DS!!! Y lo se, lo se, lo se… Sé que regalarme la ÚNICA maquinita costosa que yo más deseaba en el mundo mundial ha sido por leer mi post del otro día y cerrarme un poquito la boca. Lo se, lo seeeeeeeeeeeeeee… pero me la pela. No tengo orgullo y tengo una 3DS. Estoy dispuesto a vender mis principios y hasta a mi madre si es necesario, a cambio de eso.  Yipi-yipi-yeyyyyyyyy. Le he dicho que podíamos mezclar los dos regalos y jugar a la 3DS mientras hacía el circuito hidrotermal. Él me ha dicho que con lo que cuesta el juguete, si se me cae al agua, probablemente no volviéramos a salir de allí con vida, ni el juguete ni yo.

Vale. Pues jugaré en seco. También me la pela. Tengo el nuevo Zelda 3D. Más yipi-yipi-yeeeeeeeeeeyyyy…