Cuántas cosas para contar y qué poco tiempo…

Me enamoro un poco de este pueblo. Me gusta su color, su luz y hasta su olor. No se si tiene que ver la felicidad idiota que sube y baja desde mi cerebro 24h. al día teniendo al superhéroe cerca (ojo a los cervatillos cantores que en algún momento aparecerán por el blog), pero es verdad que podría quedarme a vivir aquí para siempre. En esta misma casa, con este mismo jardín y sentado en esta misma hamaca. Ya vendría alguien a descongelarme con un soplete, cuando llegara noviembre.

Ayer tuvimos visita y hoy hemos tenido catástrofe. O semicatástrofe. O… posible presemicatástrofe. Vinieron Jokin y Eli. Jokin es compañero de instituto de Carlos y amigo de toda la vida. Eli es su pareja. Jokin es amable, simpático, encantador y bondadoso. Eli es… un capullo que quiere tirarse a mi compañero. Y no es un capullo cualquiera, no… Es un capullo unas tresmil veces más guapo, más atractivo y más listo que yo. Así que luchar contra Eli para que no te quite a un tio es como… no se… como encomendarse al diablo cuando estás cayendo desde un décimo piso.

Anoche, mientras se dedicaba a ningunearme, sobar y tontear descaradamente con Carlos, yo me limitaba a pasar de la sorpresa a la estupefacción. Estuve todo el rato en mi rincón, bebiendo cerveza tras cerveza para alegría de mi escherichia, y poniéndole a Jokin expresiones tipo “nopuedocreerlo… nopuedeserquenoloveas… estonopuedeestarpasando…” Carlos permaneció correcto y en su sitio, como siempre. Ni más allá, ni más acá. Sólo que yo no quería que estuviese correcto. Yo quería que cogiera al chico de una oreja y lo metiera en el contenedor de vidrio de aquí enfrente.

Como sólo hablaba Eli y Jokin seguía en la higuera más absoluta, abrí el portátil y me dediqué a twitear con la blackberry de Carlos. No sé qué dije. Algo como que estaba celoso o algo así. Carlos reaccionó y me hizo un par de demostraciones beso y sobo en vivo y en directo. Eli captó la indirecta y dió un paso atrás. Yo pensé “joder, menos mal que se acabó esta mierda.”

Sólo que en realidad no se había acabado.

Hoy ha venido otra vez. Cargado con dos bolsas de compra y diciendo que iba a cocinar para Carlos con el fin de agradecerle la hospitalidad de ayer (tócate los huevos). Y yo pregunto “¿Y Jokin?” y él responde “Trabajando”. Y él pregunta “tú también te vas a trabajar ahora ¿no?” y yo pienso “seráshijodeputacabróndemierda…” pero sólo digo “ehm… pues… no se…” y ahí se ha metido. Con su culo perfecto y sus andares perfectos, a cocinar en mi cocina perfecta, para mi pareja perfecta, en mi casa perfecta de mi vida perfecta.

No sé qué más he hecho. Montar el show a Carlos base de twits (tengo que dejar de twitear YA), mientras estaba en pleno rodaje. Y él ha calmado las cosas, como siempre. Y se ha enfadado un poco con la situación. Y supongo que otro poco con Eli y otro mucho conmigo. Pero no ha demostrado ninguna de las tres cosas y me ha sujetado otra vez. Una más.

Es muy chungo esto de tener la pareja perfecta, cuando eres el tipo más imperfecto del planeta. Y si no, que se lo pregunten a los Elis del mundo mundial.

Estoy construyendo un laberinto para Vargas. Construir cosas idiotas cuando estoy nervioso forma parte de mi imperfecta personalidad.