Yo que se cómo llamar a esto…

Jokin quería ayudar a Carlos a seguir buscando esta mañana (ya dije que es un tipo cantidad de majo) así que él y Eli se quedaron a dormir anoche en la casa. Eli se pasó toda la cena hablando de tríos y de intercambios de pareja. De lo morboso que resultaba, de lo excitante que era para la vida sexual, de que no tenía nada que ver con la fidelidad y bla, bla, bla… Mientras, Jokin se encogía en la silla haciendo tímidos comentarios tipo «hombre… yo es que creo que si dos se quieren, no necesitan algo así…» y Carlos seguía cenando y mirando hablar a Eli con cara de paisaje. Frío y en su sitio. Como siempre.

Imaginarme a Peyote muerto no me va nada bien para la paciencia y el sentido común, así que mientras metía los platos en el lavavajillas, cogí al pobre Jokin en un aparte y le dije que bajara de la higuera y empezara a darse cuenta de que su maravillosa y atractiva pareja quería tirarse a la mía. Él abrió mucho los ojos y dijo «Pero…¿de dónde sacas esa idea?» y yo, para completar mi faceta de nosécallarme, respondí «PORQUE YO TAMBIÉN QUERÍA TIRARME A CARLOS HACE UNOS MESES ASÍ QUE LA ESTRATEGIA ME ES FAMILIAR, NOMESEASIDIOTA JOKINJODERRRRRR…»

Y me oyó toda la casa, claro. Creo que hasta Vargas asomó el hocico por la ventana de su jaula para pensar «uy lo que ha dicho…»

Y Carlos se cabreó. No con Jokin, ni con Eli. Se cabreó conmigo. Y cuanto más le sentía cabrearse conmigo, más me cabreaba yo con él. Por no reaccionar. Por no pararle los pies. Por quedarse ahí, quieto y correcto, dejando que el subnormal ese viniera a mearse en mi propia puerta. Y ya en la intimidad del cuarto, estuve diciendo barbaridades apocalípticas, una tras de otra, hasta que Carlos se decidió a hablar. Una sola frase para matar, como siempre. «Creyendo que cualquier impresentable teñido podía venir a romper esta relación, lo único que has demostrado es que tú mismo no confiabas mucho en ella.»

No sé si fue por el uso del pretérito imperfecto, o por llamar a Eli impresentable teñido, pero me hizó touché, como siempre. Así que me callé, cogí una colcha y fuí a tumbarme a la hamaca del jardín. Y allí he amanecido. Sin gato, sin sexo, sin compañero… sin dignidad…

Este post perfectamente podría llamarse de Todo a Nada en veinte segundos.

Me ha despertado Tequila maullándome en la oreja. Carlos y Jokin ya se habían ido. Eli ha venido al jardín a decirme «oye, no os habréis peleado por mi culpa ¿no?», y yo le he mirado y he dicho «Que te jodan». Ha puesto carita de sorpresa y acto seguido, ha mascullado una excusa que no he oído bien y se ha ido. No se ni a dónde, ni a qué. Igualmente, me la pela.

Puedo contar con los dedos de una mano las veces que le he dicho a alguien a la cara «que te jodan». Carlos tiene razón. Estoy perdiendo el norte.