En el futuro necesitaré recordar esto

Me he cortado el pelo. Mucho. Tenía que quitarme los nudos que me habían quedado de ayer. Si me toco la cabeza con los ojos cerrados, ya no me parece mía. Es como… un melocotón con orejas.

Carlos dice que le recuerdo a las almendras que recogía del huerto de su padre en Lasarte. Lo dice para tocarme un poco las pelotas, pero no surte efecto porque soy bastante feliz y mi mala leche está en stand by. Creo que lo estará durante unos cuantos días.

Peyote está tumbado a mi lado, sobre la mesa del porche. Tiene las dos patas delanteras estiradas y apoyadas en mi brazo derecho mientras escribo esto. Duerme profundamente, pero da un poco de grima verle con las calvas del lomo y medio culo afeitado. Parece un tiñoso feliz.

Yo llevo al cuello un cordón de cuero trenzado, del que cuelga un pequeño ammonite con un engarce de oro blanco. El ammonite se ha conservado intacto sobre rocas sedimentarias durante 250 millones de años. Ahora lo llevaré yo.

Quien sabe cerrar algo con una sola frase, sabe abrirlo con el símil adecuado.

Oigo silbar a Carlos mientras recoge la ropa del tendedero del jardín. Cuando entra, pasa detrás de mí y me muerde la nuca como un gato. Deja la palma de la mano abierta sobre mi cabeza y me dedica media sonrisa malévola: «como las almendras de Lasarte. Igual se sentían en la mano…» Vuelve a coger el cesto y se pierde en la cocina. Oigo su silbido filtrarse por la mosquitera de la ventana.

Está contento.

Yo se por qué.

Gracias a Vanessa por la fe de erratas