Yo le admiro. En serio que sí

“¿Por qué tu madre dijo que temía que te quedaras solo, si habías estado tantos años con Bosco?” Me mira sorprendido por encima del café. “Bosco y yo lo dejamos hace tres años y medio. Me ha dado tiempo a estar solo.” “¿Y por qué estaban sus cosas en tu casa cuando yo llegué?” “No terminamos bien. Luego cuando reescrituré la casa a mi nombre, hicimos las paces y pasó a buscarlas.” “¿Por qué no se las tiraste en su momento a la basura?” Se ríe. “Porque yo hago las cosas con la cabeza y tú con el corazón.” “Pero él se lo merecía ¿no?” “Lo que nos merecemos es relativo, Ariel. Bosco y yo no teníamos que haber estado juntos.” “¿Por qué no?” “Porque Bosco no me quería.” “¿Y tú le querías a él?” “A veces te acomodas con alguien, aunque sepas que no es la persona que estabas buscando.” “¿Y cómo se que eso no te pasará conmigo?” “Tú no lo sabes. Eso solo lo se yo.” “No me ha gustado la respuesta.” Sonríe. “Lo se. A mí no me ha gustado la pregunta…” Se levanta y me besa en el cuello. “…así que estamos en paz.” Sale de la cocina.