Madres y salchichas

Estoy contento de estar aquí, lejos de las hordas papales. Los religiosos obsesivo-mitómanos me dan muy mal rollo. Siempre lo he dicho y siempre lo diré, la frustración crea monstruos. No se puede ser un religioso practicante y disponer de una mente sana. Son dos cosas completamente antagónicas. Si no piensas por ti mismo, te pudres. Me da igual que sean católicos, que protestantes, que musulmanes, que hinduistas sánscritos. Si te inculcan lo que tienes que pensar… te pudres.

Hoy hemos tenido visita, y hemos hecho una barbacoa. Ha sido cantidad de divertido y cantidad de malo para mis arterias. En estos momentos mi estómago intenta digerir alrededor de diez kilos de carne adobada en seis distintas terribles variedades. Chistorra, longaniza blanca, morcilla de arroz, pincho moruno y chuleta de cordero. También he comido mazorcas de maiz y ensalada de pimientos, pero no siento su presencia por ahí abajo, así que probablemente en estos momentos mi poca comida sana se encuentre mantenida como rehén por las fuerzas terroristas chistorreras, contra la pared de mi intestino grueso.

Jokin ha hecho una especie de ponche casero en un barreño con naranja, vodka, vino peleón, canela y fruta. Sabía a refresco inofensivo, así que todos hemos empezado a beber con despreocupación absoluta, y hemos terminado con una mierda como un piano (creo que todavía hay un chico por ahí durmiendo en el cesped con una chancleta en la nariz). Carlos, en su paciencia infinita, ha dedicado las últimas horas de la tarde a recogernos a todos uno por uno y ponernos a la sombra. A mí no. A mí directamente me ha metido debajo del grifo de la ducha. Ya se sabe que donde hay confianza… mariconadas las justas.

No sé por qué Carlos por más que beba, nunca se emborracha. Debe tener la sangre más espesa que unas gachas de almorta.

La madre de Carlos ha venido esta mañana a traer una sandía y 45 folletos más de salones de bodas que no abriremos. Al encontrarse con Jokin y con los Cabbage Patch Kids(*), ha empezado a sacar condones del bolso otra vez y a repartir. Parecía la Mamá Noel de la liga antisífilis. Mientras Carlos se la llevaba casi en volandas hasta su coche, le he contado a Jokin lo de los 20.000 condones de sabores que me regaló cuando la conocí y él me ha explicado que la madre de Carlos había sido doctora muchos años en la unidad de hematología y tratado a muchos enfermos de sida terminales.

Empiezo a entender su alegría el día de la comida en Segovia. Creo que no era la boda lo que le hacía feliz, sino el concepto de pareja sexual fija. Mh… los caminos de la psique maternal unhijogay-mecagoentó son inexpugnables.

Me voy al cine. Ahora sí.

(*) amigos multirraciales en serie de Carlos