No se yo cuando voy a terminar la dichosa plantilla…

No veo una mierda cuando escribo de noche en el portátil. Es como hundir los dedos en el barro chipichipichip. No sé por qué los teclados del mundo mundial no son todos blancos, como los de apple.

Me voy a Suiza con Carlos. No debía. No pensaba hacerlo. Pero me he metido un hostión del quince esta tarde, cuando venía hacia casa y podría decirse que he visto la luz (y las estrellas). Según me estaba levantando y colocándome la nariz en su sitio, he pensado «Pues ahora me voy a Suiza» y con esas, pues me voy. Y no se qué coño voy a hacer allí, si él va por asuntos de trabajo y lo que menos necesita es un nepomuk con pelánganos dando por culo por las esquinas (dicho sea en el sentido menos absoluto de la palabra), pero aún así… me voy. Ya improvisaré algo para no estorbar demasiado. Comeré chocolate… fundiré queso… buscaré otro trozo de acera suiza en el que poder hostiarme…

Tenemos fecha de boda. No se la hemos dicho a nadie. De hecho, más que unos papeles matrimoniales, parece que tuviéramos entre las manos los planos de la estrella de la Muerte. Tanto salón de bodorrio y tanta amenaza de lista de invitados, nos han convertido en unos novios cabrones y furtivos. Al final, ese día en el juzgado sólo estaremos Miguel, Ana, Jokin, él y yo. Nadie más. Ninguna celebración. Sólo una comida familiar para comunicarlo al día siguiente de habernos casado y una fiesta en un garito madrileño, una semana después, para los amigos y compañeros.

Su madre se va a pillar un rebote de mil pares de demonios. Y como no es una madre de esas habituales de lagrimitas y de «comohaspodidohacermeesto», seguramente opte por contratar a un par de rumanos ilegales para que nos rompan la cara por tres sitios y nos obliguen a recelebrar la boda vestidos con smoking y chorreras, en el Palacio del Negralejo. Se lo digo a Carlos y él dice que no me preocupe. Que para entonces ya estaremos en China. Yo le digo que algún día tendremos que volver y él me dice que no pasa nada. Que para cuando volvamos ya le explicará a todo el mundo que en realidad fue culpa mía.

Lo peor es que nisiquiera estoy seguro de que lo diga realmente en broma.

Se me está poniendo el codo morado. Si encadenara las hostias estúpidas que me he dado durante los últimos cinco años, también llegaría sin ningún problema a China.

Tengo que cambiar el espatufilos-espatufilo-espatafilo de plástico antes del viernes. Si veo a mi compañero regarlo otra vez, me terminará dando un colapso circulatorio nervioso.