Insomnio y sinvivir

No he dormido nada. Apenas treinta minutos. Toda la noche pendiente de bocas espumosas y disfunciones en el habla. Como no sabía de dónde cogerle que no le doliera, opté por agarrarle una mano. Él estaba cocido a calmantes, así que creo que tampoco se enteraba de mucho. A eso de las tres, en uno de mis duermevelas, abrió el ojo sano y debió caer en la cuenta de que yo estaba en el mundo, porque me apretó la mano y dijo “gué bien que esdés aguí, Ari…” y con esas se volvió a dormir. Y yo estuve las tres horas siguientes pensando “¿eso es una disfunción en el habla? ¿un exceso de nolotiles? ¿le despierto y le pido que me recite algo? ¿considero normal que no vocalice bien? ¿debo avisar a su madre? ¿debo intentar dormir? ¿mató Oswald realmente a Kennedy?

Así he estado. Hasta que han dado las ocho y ha vuelto a abrir el ojo para decir “no desayunes cocacola que te vigilo ¿eh?” y yo, por fín, a partir de ahí me he empezado a relajar. Un Carlos que me da por saco con los desayunos, es un Carlos normal.
Bueno, y así están las cosas. Está dolorido, pero mejor que ayer. Su madre le ha dado una baja de una semana, pero se la ha pasado por el forro, porque hace una hora ha estado hablando con el estudio para decir que el lunes irá a Suiza, igualmente. Y luego ha añadido: “Ya me llevo a Ariel de asistente, por si me surgen problemas”.

Espero que sea una broma o que se refiera exclusivamente a problemas mundanos tipo “zumo con pulpa o sin pulpa”, porque no me quiero ni imaginar a un director de fotografía con un sólo ojo operativo, y un asistente con pelánganos que no sabe ni como funciona una agfa clack. Eso puede ser una catástrofe absoluta. El principio del fin de su carrera profesional (y de paso, el de su asistente con pelánganos).