Qué mal escribo por las noches…

Le decía a María que entre accidentes, bodas anticipadas y ajuste de moscosos, tenemos un chocho con las vacaciones de mil demonios. Hemos movido tantas veces los billetes de avión a uno y otro sitio, que ahora mismo somos el terror de los seguros de reserva. Menos mal que aquí al euskaldún le dió en su vida por los viajes de mochila, pasaporte y pateo sobre la marcha, que si encima nos hubiéramos metido en tours de esos preestablecidos… a estas alturas habría unas cuantas agencias que ya nos habrían metido ocho veces en la lista negra.

Finalmente… Patagonia para finales de octubre, China y Vietnam para finales de noviembre y las islas para principios de Diciembre. Y aunque dicho así, suene como que soy el rey del mambo del cosmopolitismo, la cruda realidad es que lo más lejos que he llegado en los últimos diez años de mi vida ha sido a Cuenca (pasando por alto lo de aquellos dos días que me perdí como un gañán en el metro de París por no saber qué coño decía la chica de megafonía). Es lo que tienen las realidades. Que por mucho que Karlos sea Phileas Fogg, servidor nunca pasará de ser Passepartout en su versión Cantinflas. Pero bueno… igual me da. Al menos seré un Cantinflas que verá China.

La chica de audiovisuales me ha dicho que Franco es una variedad de planta que se llama Alegría. No estoy muy seguro de que sea verdad. Yo le veo más aspecto de lechuga que de Alegría. Como mucho, mucho, se queda en buen rollito y gracias. Aún así, sigue echando flores. Franco es un misterio de la naturaleza. He llegado hasta a regarla con Aquarius. Creo que Nathional Geografic debería dedicarle un cachito de documental en alguno de sus espacios sobre plantas inmortales.

Y siguiendo con macetas oficinistas … no he cambiado el espatafilo del demonio. Ahí sigue el de plástico, con su tierra de mentira bien húmeda y sus alambres bien hidratados. Le he explicado por teléfono a Miguel mi sinvivir y ha estado descojonándose un rato largo (es lo que tiene Miguel. Siempre sabe consolarme con la delicadeza adecuada). Cuando se ha recuperado de la apnea, me ha dicho que la única solución era afrontarlo todo con valentía y decirle a mi compañero la verdad. Creo que tiene razón. Ya he llevado todo esto demasiado lejos. Ha llegado el momento de demostrar que soy un hombre que tiene lo que hay que tener, y al que no le asusta en absoluto enfrentarse cara a cara con los problemas más complicados que puedan surgir en el camino de la rectitud, la honestidad y el compañerismo desinteresado.

Mañana mismo le envío un email anónimo echándole la culpa a otro.

Peyote lleva casi una hora de subidón esquizofrénico. Ha rebotado ya en todas las paredes de la casa y se ha colgado de lámparas, cortinas, toallas, camiseta de chino masajista, paquete de Karlos y muslito derecho de Ariel. Todo eso con las pupilas como paelleras y haciendo ruiditos tipo ñigs-ñeugs-ñuigs como si estuviera en un ataque de epilepsia permanente. Peyote es como Franco. Otro misterio de la naturaleza. Creo que debió de caerse cuando era pequeño en la marmita de las feromonas. Sólo eso explica sus ataques de allavoy, indirectamente proporcionales a la inutilidad de sus cojoncillos atrofiados.