Es más fácil no tener nada que repartir

Quiere casarse en bienes gananciales y reescriturar la casa (SU casa), en copropiedad. No para compartir la hipoteca a pachas y que yo pueda pagar una mínima parte de la vivienda, no… Ya la tiene prácticamente pagada. A unos seis o siete plazos de que sea completamente suya. Así que en realidad, lo que está haciendo es regalarme por la cara la mitad del inmueble.

Intenté que entrara en razón y viera que no podía aceptar eso. Vine con tres gatos, el tanque azul y 800 euros en una cartilla. Eso era todo lo que tenía y eso es todo lo que debería llevarme, si me fuera. Pero se lo dije y frunció el ceño, como los niños. Se enfurruñó y me hizo preguntas de esas que no puedo contestar sin que me sude un poco el culo. “¿Y por qué tendrías que irte?”. “Bueno, no… yo digo en caso hipotético…” “Vale, ¿y por qué tendrías que irte en caso hipotético?” “Hombre, yo digo si tú quisieras que me fuera.” “¿Y por qué iba yo a querer que te fueras?” “Pues porque… ehm… no se…” “¿Y si no lo sabes por qué te lo planteas?” “Pues porque es tu dinero y yo…””¿Y si es mi dinero por qué te lo planteas?” “Pues porque… yo… socorro…”

Tuvimos unos días de pulso. No muchos. Aparcó el hígado, pensó con la cabeza y se tranquilizó. Me dijo que sentía su primera reacción, pero que habiéndolo sopesado mucho, era la única forma que veía de llevar esto adelante de acuerdo a sus principios éticos y morales. Me dijo que no cedería. Que no pasaba nada. Que seguiría conmigo. Que el cariño, la convivencia y en definitiva la relación, seguiría adelante. Pero que si no aceptaba sus dos condiciones, era mejor anular la boda. Y me lo dijo con su expresión estoica. Esa que pone cuando ha tomado una decisión que no moverá ni aunque se le vengan encima todas las explosiones cósmicas del universo.

Supe que hablaba en serio. Él no tiene una palabra fija y otra de repuesto, como todo el mundo. Él solo gasta una. La piensa, la sopesa y la da. Y cuando lo hace, puedes estar seguro de que será inamovible. No quise enfrentarme a él. Básicamente porque tampoco era nada que se mereciera. Acepté los bienes gananciales y acepté la copropiedad de su casa. Hace unos días, después de consultar con una asesoría jurídica, le pedí que testara sus propiedades a nombre de su madre y sus hermanos, para que en caso de que falleciera antes que yo, esa parte de la casa volviera a su familia. Volvió a negarse.

Ahora doy vueltas a las cosas. Pienso en que su familia pueda pensar que voy de listo y me acojono vivo. Pero igual de tontos que me vienen los pensamientos, igual de tonto que me quedo yo. Y no sé. No sé qué puedo hacer al respecto, que contente a todo el mundo.