It’s a me, Mario!

Enganchado al guasap. Le tengo que decir al vasco que deje de enseñarme chimpunes porque esto no puede ser. Así se acaba el mundo y uno no termina de hacer nada útil, coño. No completo la plantilla, no completo las viñetas, no completo los libros… Mañana vuelvo a mi móvil cutre sin churiburris y me dejo de tonterías, hombrepordios…

Vengo del gamefest. Me lo he pasado muuuuy bien. Tan bien, que he terminado con una contractura en el hombro derecho por probar consolas varias con exceso de entusiasmo. En un momento dado estaba tan pasado de rosca, que incluso me he atrevido a un bailecito solista en el Just Dance 2, para regocijo de aquellos asistentes que esperaban irse de la feria sin echarse unas risas.
 
Para rematar el freakitour, hemos ido a comer a un Taco Bell, y uno de los cabage patch kids me ha dado un relajante muscular para elefantes, que he digerido con un trago de cerveza y un burrito de pollo picante, así que es más que probable que termine este post viendo pokemons voladores azules con la nariz encima del tabulador (la nariz encima del tabulador yo, no los pokemons). Bueno. Todo sea por la causa. Si empiezan a salir eñes por todas partes, habrá llegado la hora de no seguir escribiendo.

Hemos comprado seis camisetas Nintendo para la boda, que molan todo. La de Karlos roja con la M de Mario, la mía verde con la L de Luigi y las de los testigos, con setas de vida extra. Es con diferencia la gamberrada más absurda que se me podía haber ocurrido, así que estoy como niño con camisetas nuevas. De hecho… la simbología de los dibujos me parece de lo más representativa (me faltaría si acaso una de koopa troopa para el juez, si este consintiera en prestarse a la mamarrachada, cosa que dudo y que no pienso comprobar). Todos han aceptado, excepto Ana Belén (miratúpordónde al final viene) que dice, literalmente, que ya ha comprado un vestido de firma que le ha costado una pasta y que no piensa taparlo con una camiseta piojosa porque al novio-2 se le ponga en la punta del nardo hacer el gilipollas hasta el mismísimo día de su boda.

Ana Belén me adora. Voy a ver si de aquí a Noviembre le mando al novio-1 a que se lo vuelva a pedir, aprovechando que es alto, vasco y convincente, y que su nardo tiene un pelín más de peso específico que el mío.

No sé cómo coño sacar al ratón de dentro del sofá. Me tiene un poco harto. Voy a empezar a ponerle queso con pimentón picante, a ver si en una de esas que viene a beber, le atranco la puerta de la jaula con una silla de los clicks.