Nepoinutilidades

Hoy ha venido el Director General de visita y mi jefe me ha pedido que estuviera al lado de las puertas automáticas pisando la alfombra para mantenerlas abiertas mientras pasara.

No ha sido para vengarse de lo de la boda gay, ni para tomarse revancha por lo del origami. Tampoco porque hubiera decidido ascenderme en mi escalafón laboral. No. Ha sido simplemente porque yo estaba en el peor momento, en el peor lugar y cuando se ha sorteado el pito-pito-colorito, me ha tocado a mí. De hecho he podido notar su cara de pánico al darse cuenta, cuando los cochazos estaban ya parando en la puerta, de que el pie que pisaba la alfombra era el mío y como tal, llevaba puesto una zapatilla absurda.

Uno puede pensar que lo de pisar una alfombra para que el director general cruce la puerta automática sin pararse, como el resto de los humanos mortales del mundo mundial, es una tarea de lo más idiota, pero no… en realidad es algo complicadísimo que casi requiere un máster en coordinación de pisado de alfombras. De hecho, entre el 98% de posibilidades que tenía de hacerlo bien, y el 2% de cagarla, me he comido sin remedio la segunda opción, porque me he asustado un pelín al ver a los guardaespaldas (cosa que no debería, considerando que convivo con un vasco gigante) y he retrocedido un paso fatídico que ha hecho que la puerta automática se le cerrara al director en las puñeteras narices, hasta tal punto que si no llega a ser chato, se me deja ahí un cachito de cartílago. Y lo peor es que, inmerso como estaba en mis pensamientos trascendentales “dondellevaranlaspistolas”, no he caído en la cuenta de la que había montado, hasta que he visto a los guardaespaldas empezar a dar saltitos alfombriles, para que las narices gerenciales pudieran estar a salvo al otro lado de la puerta.

Es terrible esto de que te adjudiquen misiones idiotas y no seas capaz de cumplirlas. No me viene nada bien para la autoestima. He llamado a Karlos para contarle mis penas, y me ha dicho que todo el mundo cometía errores en el trabajo, y que eso era como aquella vez (literal) que él “se equivocó al leer la medida foot-lambert de un exposímetro y tuvo que estar ajustando manualmente el diafragma durante toda la toma en directo para poder filmar en el mismo valor constante de iluminación.”

No sé qué parte de “no he podido pisar una puerta” no ha entendido. En serio. No lo sé.