Loros callejeros

Litros de lluvia y kilos de atasco en mi primer día de trabajo. Qué bien. Qué chupi todo. Cuánta felicidad. Y para redondearla, me he tragado los 90 minutos de peregrinación por la M30 con mi compañero idiota sentado al lado en el coche. No debería ser tan grave. Todos tenemos un compañero idiota, es una ley no escrita preestablecida e insalvable, como el tío borracho de las bodas o la madre que te grita porque pisas el fregado. Pero es que mi compañero idiota encima se me sube al coche y me toca los huevos diciéndome eso tan bonito de “por donde yo te decía ya habríamos llegado…” o aquello tan adecuado de “uy como se nota que no dominas el embrague…”. O lo que es mejor, lo de “anda, si no llevas espejito de acompañante…”

Tendría que ser Karloszeta el que llevara al idiota al trabajo. Apuesto a que a estas alturas ya le habría tirado del coche en marcha de una patada.

Voy a tener un loro. Uno de mis veintemil cuñados nos lo va a dejar en adopción temporal. Alguien lo abandonó en el portal de su casa, con jaula y todo en plan bebé huerfanito, y les ha salido un cabrón de mil demonios que no hay forma de meter en cintura (razón obvia por la que alguien decidió dejarlo en el portal). Abre la jaula, se come todo lo que pilla en la cocina y dice tacos de camionero. Al principio cuando me lo contaron creí que estaban de coña, pero no… resulta que las tres cosas son ciertas y que el loro es un macarra. Ahora mi cuñado está bastante desesperado y nosotros somos su última opción, porque ya ha pasado por cuatro casas diferentes y nadie le ha aguantado más de tres días. Ayer escuché a Karloszeta decirles por teléfono que si no educaba yo al loro, no lo educaría nadie. No se de dónde coño ha sacado que yo pueda enseñarle algo a un loro camorrista, pero me he callado y he puesto cara de que sí. De que soy diplomado en loroterapia por la Universidad de Harvard, con doctorado en Massachusetts, porque todo lo que sean bichos nuevos siempre me parece bien y loros no he tenido nunca. Además… me intriga sobremanera saber cuál va a ser la reacción de Peyote, como mascota alfa de la casa, cuando intuya que hay alguien peor que él. Quién sabe. Lo mismo organizan un clan al estilo de los Black Panthers y empiezan a cobrarle al ratón impuesto revolucionario.