Qué bonito todo…

Yo pensaba que después del surrealismo de boda y despedida no me pasarían más cosas absurdas, pero el hombre propone y el universo dispone, así que hoy ha venido el autobusero a regalarnos un juego de cuchillos.

Sé que la frase tal cual queda desconcertante, pero… es lo que ha pasado. Justo cuando iba a realizar mi asalto cuétara matinal, ha aparecido el autobusero y me ha traído un regalo de bodas.

Los cuchillos molan todo, la verdad, porque son de esos japoneses que no pierden jamás el filo y que cortan hasta las ideas, pero en lugar de estar insertados en un cuchillero corriente de madera de los de toda la vida, están clavados en un muñeco de látex rojo que se inclina hacia atrás en sus últimos estertores. Por si acaso se tratara de algún tipo de mensaje subliminal, he intentado ser lo más simpático que he podido una vez superados los primeros minutos de estupor, porque, a pesar de la cantidad absurda de mascotas que he ido acumulando a lo largo de los años, hoy por hoy ninguno está en disposición de defenderme debidamente de un autobusero gigante despechado (salvo que sea alérgico al pelo de rata y estornude hasta morir).

He estado fijándome detalladamente en él mientras charlábamos y me sigue pareciendo cantidad de guapo. Unas 95 veces más que yo. También parecía relajado y tranquilo, así que he pensado que sus antiguos problemas sentimentales se habrían solucionado, pero no… según parece lo que le hacía sentirse relajado y tranquilo era yo, porque le importo un carajo de mono y no alcanzo suficiente talla para ponerle nervioso. De hecho, en cuanto ha llegado Karloszeta de sus trotes matinales, el relax y la tranquilidad han desaparecido de la cara del autobusero, dando paso a una especie de rictus de rabia controlada. A partir de ahí, yo me he puesto tenso, él se ha puesto tenso, el loro se ha puesto tenso, los gatos se han puesto tensos y Karloszeta… ha seguido igual, porque Karloszeta se pasa las tensiones por el forro de los huevos y la implosión del universo le pillará rebañando el fondo del colacao con una cucharilla.

Yo he dicho «mira lo que nos ha traído…» Karloszeta ha dicho «anda… qué gracioso…» y el autobusero ha dicho «Te has casado, Charlie.»

Yo he dicho «bueno, voy a hacer café o algo ¿no?» Karloszeta ha dicho «me he casado, sí» y el autobusero ha dicho «Pues has tardado menos en casarte con el enano de lo que tardaste en acostarte conmigo».

Yo he dicho «ehm… con… leche o…» Karloszeta ha dicho «Bosco no toma» y el autobusero ha dicho «¿Cómo que no tomo?»

Yo he dicho «ah… ehm… pues…» Karloszeta ha dicho «Bosco se va» y el autobusero ha dicho «¿Cómo que me voy?»

Y entonces el loro ha dicho «¡Fóllame puta!»