Pues seguimos sin ponerle nombre al loro

Llevo cuatro días con dolor de cráneo y el cuello un poco tieso, así que o tengo una contractura de cervicales (que será lo más probable) o tengo una meningitis y pronto lo de perderme en el wáter del kinépolis pasará a ser bastante más habitual y corriente de lo que venía siendo hasta ahora.

Karloszeta me pincha diciendo que seguramente sea un castigo kármico por haberle hecho tragarse al loro 5 episodios seguidos de Bob Esponja, pero me da igual. No conservo ningún tipo de remordimiento. He estado echando un vistazo a la parrilla televisiva en busca de programas de donde se pueda sacar un vocabulario limpio y era eso o Amar en Tiempos Revueltos, así que encima ya tiene algo que agradecerme el bicharraco.

El autobusero (apunte mental: dejar de llamarle autobusero) me ha enviado por correo un manual de adiestramiento de loros en el que pone que para que aprendan determinadas palabras o sonidos, tienes que repetírselas durante varios minutos al día premiándoles con golosinas cada vez que lo haces. Según parece, el animal acaba por asociar el premio con la palabra, y termina siendo él mismo el que la pronuncia. Tengo una intriga brutal sobre sus dueños originales. No logro imaginarme a nadie dando trocitos de piña al ritmo de fóllame-puta. Sea como fuere, cuando vuelva de China voy a probar a readiestrarle y a enseñarle cosas importantes como decir hola y adiós, abrir la puertecita de la jaula, balancearse en el columpio, comer de mi mano, o hacer fotos con la jasermaser (que seguro que aprende antes el loro que yo). El autobusero (apunte mental: hacer caso alguna vez de mis apuntes mentales) me ha dicho que los primeros días le maneje con un palito largo porque suelen ser bichos de muy mal carácter que te marcan manos, brazos y narices, a base de picotazos.

Qué bien. Lo que le faltaba para ser un encanto de pollo.

Me he apuntado a clase de fitness en el gimnasio del barrio. Me da cantidad de vergüenza tener que ir todos los días y mezclarme entre gente torneada y maciza, con mi chándal del lidl y mi pintillla de repartidor de pizzas, pero me he propuesto seriamente conseguir la forma física necesaria para manejar la Harley. Estoy hasta los huevos de ir detrás agarrado a Karloszeta como una churri poligonera. Si aprovecho bien el invierno y no falto ningún día, espero poder dar algún paseíto esta primavera, sin volcar, ni llevarme nada por delante. Karloszeta no para de decirme que lo que necesito es equilibrio y no brazos, pero claramente se equivoca porque yo he ido toda la vida con mi vespino de siempre y nunca he volc… nunca me he caid… nunca se me ha id…

Vale, sí, puede que no se equivoque tanto, pero voy a hacer fitness igualmente, coño.