Mazurca por un dedito cianótico

Pues hala. Aquí estamos. Escayolado para seis semanas más. El médico puso ojos apacibles y dijo «ah mira…es una fractura sin desplazamiento…» Pues no sé qué será una fractura con desplazamiento, pero esta desde luego duele de cojones. Escayolada, vendada, recosida y hasta del revés.

Karloszeta alquiló una silla de ruedas para poder llevarme de aquí para allá sin cargarme como un fardo. Me flipa la silla de ruedas. Intento hacer trompos con ella, como hacen los jugadores de baloncesto paraolímpico, pero por ahora lo único que consigo es caerme hacia atrás. Karloszeta comienza a cabrearse. Dice que como me lesione otra cosa por hacer el gilipollas con la silla, me va a cuidar mi tío Fernando y el loro tecnopop. Pero sé que lo dice con la boca chica, porque se despierta muchas veces cada noche, para mirarme si estoy bien, si respiro, si tengo pis o si me tiene que desenganchar algún gato de la escayola (increíble la de gatos que puedo llegar a amontonar ahí abajo en un momento dado…). Con ese sentido de la responsabilidad gasteizarra, dudo mucho que tuviera la conciencia tranquila dejándome al cuidado de un loro macarra.

Me cuesta escribir. Con la silla no me llegan los codos a la mesa, y si me pongo el portátil en las rodillas, me acaban por doler los riñones. Necesitaría a alguien que me sujetara el ordenador delante de las manos y le fuera dando al intro. Una pena. Debí amaestrar al loro para eso, en lugar de tanto bailecito. Bueno, por lo menos a estas horas todavía puedo escribir sin muchos dolores. Mi hora negra empieza allá hacia las doce. Justo cuando uno empieza a tener sueñecito y querer acostarse. Entonces es cuando la pierna va contracorriente y se me despierta (la muy puta) dando gritos de ¡EEEEEH! ¡ESTOY AQUÍ Y ESTOY ROTA! y ya no hay forma de poder colocarme en ningún sitio sin terminar viendo las estrellas. Ni cojincitos, ni almohadoncitos, ni en alto, ni en bajo, ni haciendo el pino puente. Todo me duele por igual. El traumatólogo dijo que era normal que siguiera doliendo unos cuantos días y que vigiláramos el color de los deditos que asoman. «Si los notan un poco cianóticos, vienen ustedes de urgencias..» A Karloszeta se le pusieron los pelos como escarpias. Pude ver como le salía un poco de vapor de las orejas. «¡¡SI NO LE IMPORTA A USTED, LE ESCAYOLA CORRECTAMENTE Y ASÍ TODOS CONTINUAMOS CON EL MISMO COLOR EN TODAS PARTES!!» A la enfermera le tembló un poco el cuenquito del yeso. Me reí. Cuando salimos me dijo que no me riera cuando se cabreaba porque provocaba que se riera él también y restaba credibilidad a la protesta. No puedo evitarlo. Suelta unas contrafrases muy graciosas cuando está enfadado.

Los deditos que asoman están manchados de yeso y de color de dedito que asoma. Las nueve y todo sereno