Tengo que ser breve porque ponen Valor de Ley

He vuelto al trabajo ¡yiiii-heeeyyyy! y estoy feliz como una lombriz. Tanto que no me importa lo de ir inclinándome hacia un lado como una pichilla de pensionista. Por ahora lo sobrellevo haciendo como que siempre voy a girar a la derecha. Salvo por el hecho de que a veces recorro cuatro pasillos para ir a una fotocopiadora que está a diez metros, el plan funciona maravillosamente y todo el mundo cree que he recuperado la musculatura perfecta en tres días (si es que alguna vez a mi musculatura se la pudo llamar perfecta sin que te diera la risa tonta).

Franco, mi planta indeterminada, no se ha muerto pero me la he encontrado con un aspecto cantidad de raro. Como de miniselva desmochada, pero sin indígenas. El chico al que tuve regando un espatofilo-espatafilo-espatifolio de plástico durante un mes, me ha ayudado a podarla y a dejarla un poco más presentable. Eso demuestra que en el fondo todos somos buenos y la raza humana tendrá una segunda oportunidad cuando llegue el momento del apocalipsis. O quizá me esté pasando un poco, y lo único que demuestre sea que al chico del espatafilo le doy pena porque camino torcido a la derecha.

En mi trabajo todo sigue más o menos igual, salvo que ahora para ahorrar, nos apagan la mitad de las luces de la sala y cuando dan las cinco y pico, no vemos una mierda. Le he dicho al jefe que si invertían el gasto de la luz que queda encendida en 300 cascos de minero para que nos autoilumináramos, el ahorro se multiplicaría y así podrían incluso comprarnos unos llaveritos-linterna para cuando necesitáramos hacer un pis.

Él me ha mirado con cara de no apetecerle nada que yo hubiera vuelto.

El lunes me estaré quieto y callado para que no terminen podándome, como a Franco.