Sal de este infierno, Maripili

De los cinco blogs que miro tutti los días, sólo uno escribe con regularidad pasmosa. Los demás andan por ahí perdidos en el limbo de los blogs sordomudos. Creo que son las redecillas sociales. Llegó minitwitter y se cargó al maxiblog. Somos humanoides. Cuanto menos nos hagan escribir y trabajar en general, más nos lanzamos en plancha.

Creo que yo seguiré al pie del cañón. Aunque últimamente no he podido dispensarme mucho por aquello de que estoy de exámenes y porque se me va casi todo el día en llegar de un sitio a otro. Tardo unas ocho veces más de lo que tardaba antes, en mi era preescayola. Es porque me duele (carajocoñoya) desde el dedito gordo hasta la rodilla flaca. Karloszeta insiste en llamar al chino milagroso para que me reajuste como le reajustó a él cuando el hostión de la bici, pero yo soy de gustos sencillitos y prefiero hacer una rehabilitación de las de toda la vida. Con sus fisioterapeutas de verde clorofila, sus maquinitas de pesas, sus viejecitos en chándal… El miércoles empiezo. Que san Cucufate me ayude.

Hoy ha sido un día grande. Tan grande que por hacer el idiota me he metido en un barrizal de diez pares de cojones. Yo soy así. Si no hago el idiota, implosiono como un agujero negro. Me disuelvo en polvo como un vampiro a la siesta de agosto. Combustiono en llamas como un demoño nadando en agua bendita. Por eso me ha dado por editar un documento flash con hipervínculos que llevaban joyitas como «pulsa para ir al índice, imbécil», «subir al chiriburri rojo» o «ya puedes salir de este infierno, Maripili».

Se supone que sólo eran pruebas. Se supone que tenía que haberlo quitado todo y dejar la versión formalita con su «ir al índice», su «regresar» y su «salir» corrientitos y discretitos de toda la vida, pero claro… para un cerebro privilegiado como el mío es complicado lo de comer pipas, hablar con el del espatafilus y maquetar chimpunes todo a la vez, así que al final, me he equivocado de copia y he mandado directamente a gerencia la versión superchupi del churiburri y el maripili.

Por fin he encontrado un motivo para alegrarme de cobrar lo que cobro. Estoy convencido de que si llego a salirle un poquito más caro a la empresa, a estas alturas yo estaba reponiendo escobillones del wáter en Valdemoro.

Estoy muy preocupado por el loro. Ha dejado de bailar. Ni aunque le toque la marsellesa con la flauta dulce (que no vean lo que me costó sacarla. Para que luego el pollo endemoniado no me agradezca ni un fliruliru). Pido a los dioses que no me vaya a palmar como le pasó a Vargas. En parte porque volvería a sentirme cantidad de culpable (oda a mi egoísmo) y en parte porque Winston es de mi cuñado y aquí sólo está de Erasmus. No llevaría nada bien cargarme a la mascota de nadie. Creo que sería aún peor que lo de haberle puesto nombre de vicio cancerígeno.

Karloszeta tiene gripe. Pobre, pobre, pobre Karloszeta…