Quépocotiempotengoparaescribiresto…

Estoy en París. Con dos cojones (obviamente, porque hubiera quedado feo lo de dejármelos en Madrid, claro…)

Hemos venido de fin de semana para ver una exposición sobre la ciudad de Pompeya en el museo Maillol. Normalmente, en cuestión de museos, nos solemos conformar con aquellos que están a un tiro de autobús y esas cosas, pero resultó que Karloszeta tenía acumulados nosecuántos puntos en su tarjeta travel y que había que aprovecharlos, así que… pues nada. Sacó los billetes en plena cena de cumpleaños y nos dejó a los 18 invitados con cara de arenque.

Mientras estábamos en el avión, aprovechó para decirme que tenía un apartamento en París. Fue justo después de que le preguntara por octava vez a qué hotel íbamos a ir, y justo antes de que se me fuera la fontvella por mal sitio y terminara tosiendo el hígado. Así es Karloszeta. Le conoces y dos meses después te dice que tiene una Harley. Te casas con él y 77 días después te dice que tiene una casa en París. Ardo en deseos en saber qué cojones guarda para el aniversario de boda. Quizá un elefante con helipuerto o algo así.

Apunte mental de vital importancia: hablar con los hermanos de Karloszeta mucho, mucho, muchísimo más de lo que lo hago.

Me agobié cantidad pensando que lo de los bienes gananciales no había sido una buena idea. Le dije que si se moría antes que yo, firmaría una renuncia ante notario de todos los bienes que no fueran de mi propiedad antes del matrimonio (o sea, todos). Él se acomodó en el asiento y me contestó que no me preocupara, porque si volvía a oirme hablar otra vez sobre el tema de los bienes, había muchas posibilidades de que muriera antes que él.

Karloszeta es un maestro en el arte de hacer que cierres el pico y te dediques a tu fontvella.

Tengo que contar cosas de París pero el apartamento de Karloszeta no tiene wifi y en breves momentos tengo que abandonar mi portátil y la red que estoy rapiñeando, asinque… lo del bateaux, los pompeyanos, la ensalada de pepino desconocido, el polvete en los probadores del GAP y el frío del carajo que he pasado, lo tendré que relatar mañana, cuando aterrice.

Creo que lo haré justo después de mis 25 minutos de lloros y autoflagelaciones por no haber estudiado nada en todo el fin de semana.

Amo a Karloszeta. Es el ídem y señor de todos mis suspensos.