Experiencia paria número uno

Que sí, que hacía un frío del carajo en París. Unos 4ºC bajo cero, aprox. Y yo, demostrando que soy un hombre cosmopolita y de mundo, me había ido para allá con un puñetero chubasquerillo pedorro de esos que te cuestan 20 euros en los saldos del Decathlon (yo soy así. Nunca reparo en gastos en cuestión de chubasquerillos pedorros). Y así pasó, claro. Que llegó el bateaux a las 9 de la noche y me venció. Porque todo el mundo era coherente y se quedaba dentro de las cristaleras, con el culo bien pegado a la calefacción, pero yo no. Yo tenía que estar en cubierta para ver las chiribitas de la Torre Eiffell y todas esas cosas con las que flipan los turistas casposillos y salchicheros. Así que Karlos pensó que era dejarme que muriera de pulmonía o hacer una de sus heroicidades, y salió conmigo para envolverme en su chaqueta. “No pasa nada, yo no tengo frío, estoy bien…” Y mientras lo decía se le caía la moquilla y le salían nubecillas de humo hasta de las orejas. No sé cómo no fue ese nuestro último viaje. Sólo sé que yo quería protestar y decir que no, que ya había visto las chiribitas y que nos fuéramos dentro con los demás turistas sensatos, pero que nisiquiera me funcionaban los belfos para poder articular la frase entera. Sólo me limitaba a repetir una y otra vez un “a do vito avos entro” que con el ruido del motor y el vientencillo norteño, se perdía entre las orejas fumateras de Karloszeta. Y como me envolvía por arriba, me sujetaba por abajo, y mi columna vertebral andaba ya en formato pescanova, ni ademán de moverme pude hacer en todo el trayecto. Así que cuando pasamos La Conciergerie y empezamos la marcha de vuelta pensé “a la mierda. Si hay que morir, moriremos” (aunque en lenguaje bateaux sonó algo así como “a erda i a bir oribemos” y Karloszeta tampoco me pilló ni cacho).

Considerando que en concomitancia y por un quítame-alla-ese-matrimonioexpress, ahora tengo donde dormir gratis en París, lo primero que voy a agenciarme para el próximo viaje va a ser ropa acorde para pasear en barquito por el Sena. Algo como… no sé… un abrigo de piel de oso a lo Jeremiah Johnson, o algo así. Perfecto tanto para ver torres eifeles, como para echarse un bailecito con copita de champagne sin que se te cristalice el bazo.