Mi Ángel de la Guarda es Chuck Norris

Osteoma osteoide en la zona lumbar. Sin malignidad. De cáncer no moriré, pero cada vez es más seguro que un día de estos lo haré por stress traumático.

Le contaba a María que mi superhéroe se me ha derrumbado. Como una roca había aguantado todos estos días. Impasible, tranquilo y procesionando por dentro. Pero… dadme un punto de apoyo y derrumbaré un superhéroe. El médico dice “Bien, tiene usted un tumor sin malignidad…” Él da un puñetazo en la mesa y empieza a gritar “¡Y NOS TIENEN ASÍ TRES DÍAS! ¡¡TRES DÍAS!! ¡POR NO HACER UNA PUTA LLAMADA DE DIAGNÓSTICO EN VEZ DE CITARNOS COMO GILIPOLLAS Y TENERNOS SUFRIENDO 72 HORAS! ¡TRES DÍAS JODIDOS PORQUE USTEDES TRATAN A LA GENTE COMO SI FUERA GANADO!- Y venga a dar puñetazos en la mesa. Y venga saltar el vasito de los lápices. Y el médico -bueno, caballero, cálmese…- y él con los ojos fuera de las órbitas -¡NO ME CALMO HOSTIA! ¡NO ME CALMO! YA SE QUE A USTED LE IMPORTA UNA MIERDA QUE EL CHICO HAYA TENIDO QUE ESTAR SUFRIENDO DESDE EL VIERNES!¡YA LO SE!-

Entonces caigo en la cuenta de que aunque diga “el chico” no se refiere a mí. No soy yo el que ha estado sufriendo desde el viernes. Después de todo, soy el enfermo. Puedo llorar, deprimirme y no levantarme de la cama, si me da la gana. Los de mi alrededor lo comprenderán, me arroparán y dirán “pobrecillo”. Pero él no puede hacer eso. Él tiene que tragar, aguantar, sacar cabeza. Sonreir y decirme que todo saldrá bien. Buscar ocho formas diferentes de cambiar de tema y hacerme olvidar. Tirar de mí como sea. Levantar barricadas que aguanten una batalla de meses y más meses de puto infierno. No rendirse nunca.

Así que me lo llevo fuera de una manga y le digo “Ya está. Estoy bien. Te tienes que calmar…” y él dice “No tienes cáncer de huesos…” Yo repito “No tengo cáncer de huesos, no…” Él se tapa la cara con las manos “El cáncer de huesos es mortal y muy doloroso… el cáncer de huesos es… una mierda… he estado leyendo estos días… un tumor en la columna es… horrible… no se sobrevive…” Le quito las manos de la cara. “Vale, ok. Pero yo no lo tengo. Yo estoy bien.” Él se queda un rato mirándome en silencio. Luego dice “Necesito tomar el aire”, y se marcha dando grandes zancadas, dejándome solo en la puerta de la consulta. Noto cierto alivio bajo las gafas del médico cuando entro y descubre que no soy el que descoloca lápices a puñetazos.

Recojo volantes, papeles, explicaciones, resonancias… todo. Just thinking about tomorrow. Cuando salgo a la calle, me lo encuentro apoyado contra la pared. Y está roto. Con todo lo grande que es. “Era demasiado pronto. No te he enseñado China.” Le digo “Sí… lo de China es importante…” Se ríe. “No cuentes este numerito en tu blog.” Me pongo el abrigo. “Claro que no, hombre… no se me ocurriría…”