Mañana viene Jokin a comer. Preveo marejada

Estoy dibujando. Dibujo y veo a Owen Wilson en una estúpida comedia americana de la televisión. Odio a Owen Wilson y sus sempiternos personajes de «idiota cool». No sé qué coño hacía en una película de Woody Allen. Bueno, miento. Sí lo sé. Hacía de idiota cool. Karlos asegura que le vió hacer de soldado en una película de guerra. Le pregunto «¿soldado de qué tipo?» y él se queda un rato pensando y luego responde «idiota cool». Pues eso. Odiamos a Owen Wilson. Que alguien le rape esa melenita surfera de mamarracho y le deje para teleseries de canal por cable, por favor.

Me estoy mirando reflejado en la vitrina de delante y pienso que no tenía que haber dicho lo de la melenita de mamarracho. Soy el menos indicado para escribir eso.

Me acaba de llamar mi suegra. En unos 10 días me extirparán mi osteoma y volveré a tener una columna vertebral de vértebras aburridas y corrientes, de las de toda la vida. Alegría, alegría y pan de madagascar. Me ha recomendado que durante dos meses no haga ejercicios bruscos. Cada vez estoy más contento de haber pagado el bono anual de gimnasio el pasado noviembre. Entre piernas rotas, asfixias por CO2 y tumores de columna, le estoy sacando un partidazo que te cagas. Si es verdad eso que dicen los católicos de que todos tenemos un ángelito que guía nuestros pasos, la verdad es que el mío se merecería algún que otro escaldamiento en aceite hirviendo, un día sí y otro también.

Karloszeta anda superando poco a poco su shock traumático del cáncer que no era cáncer. Ahora se le ha metido en la cabeza que tenemos que ir esta primavera a la Polinesia francesa, y lleva tres días llenándome de folletos, planos y revistas con playas de ensueño de esas que uno piensa que no existen más allá del salvapantallas de la oficina. Mantenemos una discusión semicordial con el asunto. Yo le digo que no tengo dinero para copagar un viaje de ese tipo y él dice que no voy a copagar nada porque es su regalo de bodas. Yo le digo que su regalo de bodas era el viaje a China que haremos en 2013 y él me dice que sí, que China es su regalo del 2013 y Polinesia el del 2012. Yo le digo que desde cuándo se tiene un regalo de bodas cada año y él me dice que desde que le sale a él del nardo.

Esa es nuestra discusión semicordial de los últimos días. Con ligeras variaciones en el desarrollo, pero siempre con el mismo desenlace: el nardo de Karloszeta y las cosas que le salen de ahí por arte de birlibirloque. Me gustaría poder decir que ganaremos yo y mi sentido común, pero todavía le distingo restos de la angustia que ha pasado durante la última semana, y no quiero ser el que mate mosquitos a cañonazos. Quedan tres meses para cerrar ese viaje. Intentaré hacerle entrar en razón despacito y con buena letra.

Y sin mirar muy a fondo las revistas porque cojones… pedazo de playas, oigan…