Siempre he sido un adivino de mierda

He hecho un comic protesta para Karloszeta y el proteccionismo que me gasta en estos últimos días, pero ya es muy tarde y estoy cansado para ponerme a entintar así que… tendré que protestar en otro momento.

Comida sin incidentes. Jokin vino muy formalito y serio. Traía una caja de bombones y un vino caro. Cuando le he visto con la caja de bombones y los pantalones de cuadritos me ha dado la risa tonta. Parecía una alegoría romántica de Sheldon Cooper. Le he dicho “Hey… me has traído bombones. Eso significa que ya soy tu guarrilla…” Se suponía que era una broma idiota de las mías para que se relajara, pero él se ha puesto más colorado que un prepucio y ha empezado a mirar hacia otro lado, así que, ante el miedo de que le entrara otra vez el pánico y saliera cagando leches, he optado por sujetarle en el sitio con un abrazo de “colega enrollado idiota-cool” tipo Owen Wilson.

La comunicación por abrazo idiota-cool ha ido bien, salvo por el detalle de que en ese momento ha llegado mi suegra con su pareja y claro… para que Jokin no se sintiera raro, he tenido que seguir abrazando a todo el mundo, así que el que ha quedado cantidad de raro, he sido yo. El novio de mi suegra me ha mirado talmente como si fuera a venderle una multipropiedad en Benidorm. Incluso ha dado un ligero pasito hacia atrás con cara de miedo.

Mi suegra no me ha traído coliflor con mahonesa, pero como es cabezona y no podía faltar a su castigo de quitarme la maravisopa hasta el 2014, lo que ha hecho ha sido traerme un arroz meloso, hecho con el caldo de la maravisopa. Exquisito. Picantito. Delicioso. Espectacular. Me he comido tres platos y en el último, he mojado hasta pan. Me gustaría ser más educado, como un yerno de esos de película que se limpia las comisuras con la puntita de la servilleta, pero no puedo. Ahí también saco mi personalidad de niño criado con frailes. El lema en un comedor de internado es “rebaña bien la paella, porque no sabes cuántos días te esperan de acelgas”. Pues eso. Si pudiera pasar la lengua por el plato para limpiar los restos, lo pasaba. Mi suegra destapa la olla y ya me tiene pegado a su culo todo el día. Como la rata al flautista de Hamelín, pero añadiendo la servilleta al cuello y la cuchara.

He vuelto a pedirle la receta. Se ha vuelto a negar a dármela. Dice que mientras me tenga atado con la sopa de marisco, se asegura de que seguiremos visitándola con regularidad. No debería decir esas cosas en voz alta. Karloszeta me ha mirado con expresión de “vete comprando sopas campbell porque este chollo se ha acabado.” Karlos es aún más cojonudo que su madre. Como sienta que alguien le está manejando, lo primero que hace es pegarle una patada en el culo. Bueno. Por si las flys, me he dedicado a almacenar en el congelador hasta cuatro tupperwares de arroz meloso. Si ha de venir la guerra, que al menos me pille feliz y maraviensopado.