Abracadabra…

He programado este post para que salga mientras yo esté fuera, así que si cuando llegue a casa puedo leerlo, significará que los de blogger sí que son más listos que un conejo, incluso a pesar de que sigan teniendo ese abanico de plantillas tan horripiprecioso (muerte a los fondos de cuadernitos de espiral).

En estos momentos debo estar en la ópera. Sí. En la ópera. Yo. Con mis pelánganos y mis zapatillas de pandillero. Con mis vaqueros de outlet y mi reloj de nueve euros. Yo. Y nada menos que en un estreno del Real. Yo. Con mis pelánganos y mis… vale, bueno, sí… todo eso que he dicho antes.

Aaron me ha dicho esta mañana que en un estreno del Real no puedes ir con pelánganos y zapatillas de pandillero, porque no está bien visto. Que si no vas elegante, al menos tienes que ir formal y clasicote, de manera que no llames la atención de reinas, infantas, políticos y gente de más (y buen) vivir que acuden a tu vera al evento (llamar la atención en plan asqueroso, no en plan «oh mira ese que adecuado viene al estreno del Real»). Pero Karloszeta, que debió de intuir que para elegancias yo era un caso perdido, no me advirtió de nada de eso, así que a lo máximo que yo había aspirado, era a llevar una chaqueta prestada y una corbata roja.

A mediodía le he vuelto a preguntar y me ha dicho que fuera «como me saliera de los cojones».

Cuando Karloszeta pronuncia la palabra cojones, uno se asusta un poco, porque tiende a arrastrar la j como si te estuviera desgarrando el ombligo con un colmillo. Cojjjjjjjjjjjjjjjones. Así que cuando lo he leído, he pensado que era mejor y mucho más práctico hacerle caso. Ya tengo aquí preparados mis vaqueros de outlet, mis reloj de nueve euros, mi chaqueta prestada, mi corbata roja (bueno, la de Karlos) y mis zapatillas de pandillero (que en un arranque de formalidad, las he cogido a juego con la corbata).

Mañana ya contaré si me dejaron entrar o no.

También estoy resfriado, así que llevo los bolsillos outlet llenos de juanolas. Es lo único que se me ocurre que puedo chupar sin hacer ruido (apunte mental: no masticar las juanolas para evitar el carrascla-cascla). Karloszeta me ha dicho que tendré que esperar a las pausas para poder toser.

No pensaba yo que esto de la ópera fuera tan complicado. La próxima vez, le propondré algún otro espectáculo en el que yo no desentone.

Quizá el circo de Teresa Rabal.