Me duermo todo entero

A las nueve de la noche me dice «¿qué quieres que te lleve?» Yo le respondo «Fresas». Y va el tío y me las trae. Qué cosas. Alucino con la capacidad que tiene de conseguir chorradas inverosímiles en horarios imposibles. Si llego a saber que lo estaba preguntando en serio, le habría pedido chicles de menta. Todos los que nos dedicamos al maravilloso arte de tocar pelotas gasteizarras, sabemos exactamente donde se encuentra el punto de no retorno (más o menos).

Mañana me operan de mi osteoma osteoide ostentoso. Karloszeta ha conseguido que le dejen estar en el quirófano a base de dar el coñazo y de ser el hijo de su madre (que tristemente también cuenta en esta vida). Mi suegra le ha advertido que como empiece a dar por saco con sus frasecitas matamédicos, le mandará a la maquinita del café cagando leches. No sabe lo que dice. Mover del sitio a un Karloszeta cabreado es como rizarle las pestañas al George Washington del Monte Rushmore. Yo me conformaría con que no me hiciera reir. No creo que sea nada bueno que te dé la risa cuando te están abriendo la columna. Máxime cuando a estas alturas de mi vida todavía no he aprendido a manejar una silla de ruedas con las orejas.

Karloszeta me ha comprado cápsulas de setas maitake por internet. Dice que son casi milagrosas para el sistema inmunológico y que multiplican por tres tu longevidad, tu fuerza y tu vigor. Estoy ansioso por probar los nuevos superpoderes de mis setas maitake. Los necesito para atizar al acusica del photoshop. Hartito me tiene.

Asesino Desgarracipotes ya no me persigue por toda la casa con la correa en la boca. Ahora me persigue con la correa y el jersey de perro-bala. Mañana le sacaré de paseo con una gorra de los Lakers. A ver si a base de añadirle cosas encima, consigo que no le quepan en la boca. Hoy por hoy, no se me ocurre ninguna otra forma de solucionar el problema. Mi tremenda destreza en interpretar la psicología de los gatos es directamente proporcional a mi absurda inutilidad para desentrañar la de los perros.

Y de los loros ya mejor ni hablo.