Estoy triste

Karloszeta se ha ido a Colonia por trabajo. Volverá el jueves. Tiene bemoles la cosa. Me paso toda la vida más solo que la sota de bastos y luego en un añito de felicidad ¡halaaaaaaa! se me olvida todo y ya vivo sin vivir en mí por cinco días de mierda. Quién me ha visto y quién me ve. Con esta cara de viuda de guerra, tragándome teleseries idiotas (que nadie vea The River) y comiendo galletas con queso como si la predicción maya fuera a empezar esta noche.

Odio un poco a Karloszeta por haberme vuelto emocionalmente dependiente. Voy a proponerle que un día por semana nos separemos y hagamos vida independiente.

Así podré pasármelo comiendo galletas con queso y viendo teleseries idiotas con cara de viuda de guerra.

Anoche monté uno de mis circos con el coche en mitad de un tunel. Me equivoqué de dirección y terminé en una entrada de parking. Y en lugar de tirar p’alante y buscar salida, como mandan todos los manuales del conductor con cerebro, me pasé cerca de 8 minutos (que me parecieron horas) intentando salir de allí marcha atrás, mientras kilos y más kilos de coches se iban amontonando a mi espalda. Como la entrada estaba en curva, salir marcha atrás era complicado, así que pasé todo el tiempo arrancando, dando bordillazo y bloqueando el volante; arrancado, dando bordillazo y bloqueando el volante. Así unas 64 veces. No entiendo que no se bajara nadie del coche con un bate de baseball. Debieron asustarse ante la posibilidad (bastante aceptable dada la situación) de que yo fuera un borracho oligofrénico en descanso de pastillas. Sea como fuere, después de mis ocho minutos gloriosos de hacer el imbécil, entendí (por fin) que tenía que tirar como fuera y me metí en el parking. Iba tan nervioso que volví a llevarme media pared con el alerón trasero. Cuando bajé del coche y ví el estropicio, tuve unos deseos irrefrenables de hacerme un ovillo en el suelo, llorar, y llamar a mi mamá, pero opté por la salida B ante los pánicos inútiles: comprarme una bolsa de osos de goma y un videojuego de zombies.

Hago mucho ese tipo de cosas. Cuanto más imbécil soy, más me premio. Creo que es una salida de mi subconsciente para evitar la autodestrucción.