Todavía veo las letras un poco más pallá que pacá

He ido con Jokin a un curso exprés de cata de vinos. No me he enterado de nada. Bueno, miento. Me he enterado de que en un trozo de la lengua se nota la acidez, en otro la crianza y en otro los aromas. Aparte de eso… nada. Que el vino es rojo, y que se necesita 1 kg. de uvas para hacer una botella. Jokin sí se ha enterado de todo. Incluso se ha pasado todo el camino de vuelta intentando explicarme lo del proceso de envejecimiento en barrica de roble. Algo bastante inútil a esas alturas, porque yo he pasado ampliamente de escupir los vinos y ya iba un poquito cocidito de morapio.

Hoy he llegado a la triste conclusión de que mis papilas gustativas no están bien conexionadas con mi hipotálamo. Cada vez que dábamos un trago, el profe decía «decidme qué notáis…» y uno por uno, iban respondiendo: «flores», «frutas», «nueces», «humo», «vainilla»… hasta que llegaba a mi turno y yo decía «vino».

Así durante las 15 catas. Cuando ha llegado a la 16, Jokin me ha dado un codazo y ha dicho «invéntate algo, por dios…», así que he dicho «moras» y todo el mundo ha parecido respirar aliviado. Sobre todo el profesor. Creo que le faltaba el pelo de un calvo para meterme de una patada en el culo en la barrica y dejarme allí criando taninos unos cuantos años.

No sé si un vino puede saber a moras. He dicho lo primero que me ha venido a la cabeza. Igualmente podía haber dicho morcilla y la realidad hubiera sido la misma. Le he pedido a Jokin que no le diga a Karloszeta que soy un inútil catando vinos, porque ya soy un inútil aparcando y todo empieza a ser demasiada inutilidad para resultar medianamente atractivo a alguien. Él se ha puesto muy serio y ha dicho: «qué tontería, nadie más que tú piensa que seas un inútil aparcando…». Yo le he dicho: «vale, pues venga, para el coche, que yo te lo aparco».

Nunca diez minutos de pánico dieron para tanto. En la próxima cata le pediré que me deje pilotar la avioneta.