Na zdoróvie!

Ya ha vuelto el habitante de las tribus del norte. Alegría, alegría y pan de madagascar. Para celebrarlo voy a cocinar un plato nuevo para cenar. Se llama “llamar a telechino y mandar la dieta sana a tomar por el culo”. Tiene una receta cantidad de sencilla y está altamente indicado para personas que van a jugar al paintball cuando saben que no deberían jugar al paintball. Lo recomiendan todos los chefs.

Le dije a Karlos que me trajera algo redondo y azul de Colonia y él me ha traído un hamster ruso. Me he puesto tan contento que no he hecho ningún hincapié en que el bicho fuera multiforme y de color marrón caca. Como si hubiera venido estampado en cuadros de vichy. Estoy feliz. Por fin tengo nuevo habitante para la fortaleza sauron. Mañana le haré una remodelación completa (a la jaula, no al hamster) y me pasaré por la tienda de animales a comprarle un tobogán, alguna ruedita paria y una bola de esas de paseo. Bueno… quizá a lo de la bola de paseo le dé esta noche un par de vueltas (ojo al chiste idiota) porque la verdad es que meter al hamster en una bola de paseo con tres gatos pululando por la casa va a ser casi como apuntarle a un gimnasio. Van estar jugando al billar con él un día sí y otro también. Mucho me temo que en dos meses el pobre bicho pueda terminar con unos abductores que ríete tú de los de Messi.

Voy a llamarle Palomeque. Hasta ahora, los nombres bisílabos para ratas me han traído un malfario que no veas.

Palomeque muerde como un cabrón. En dos segundos de cuchicuchi me ha dejado la mano como si me la hubieran pasado por una grapadora industrial. A lo mejor es un miembro de la mafia bielorrusa infiltrado en Colonia. Cuando deje de masticarme le miraré la barriga para ver si le descubro algún tatuaje oculto de calaveras y estrellas de cinco puntas.

Sobre todo porque eso de ser de la mafia rusa y llamarse Palomeque no quedaría nada, pero que nada bien.