Alienamiento – día 1

Ha venido Jokin esta mañana para sacarme a pasear de una oreja. Sospecho, intuyo, imagino… que eran instrucciones de Karlos. Me maravilla su papel de macho alfa dominante en cualquier círculo en el que se mueva. Pide las cosas y el mundo a su alrededor le obedece encantado. Flipante. Vendería un trozo de prepucio por un don así. Yo generalmente me limito a pedir las cosas y el mundo de alrededor a descojonarse.

A lo mejor se casó conmigo porque era el único que me pasaba las órdenes por el forro.

No he salido. Me he limitado a seguir rascándome los huevos en albornoz y calzoncillos, al más puro estilo Lebowsky. Y además he discutido con Jokin, aunque única y exclusivamente porque no podía discutir con Karlos. No necesito que nadie venga a «sacarme». No soy ningún caniche. Jokin me ha dicho que si acepto salir mañana a comer fuera, me llevará a dar una vuelta con la avioneta y me dejará coger los controles un ratito. No entiendo a Jokin. No parece escarmentar nunca. Primero me deja aparcar el deportivo y ahora me deja la avioneta. Una de dos, o alimento su espíritu masoquista o la iglesia se está perdiendo una canonización como un piano.

Una vez, en la rifa de Navidad del colegio, me tocó un starfighter que volaba por propulsión y no me duró vivo ni 20 segundos. No quiero ni pensar lo que puede ser una avioneta en mis manos. 

Sigo triste y desmoralizado. También preocupado a ratos. No me gusta un pelo dónde está Karlos, ni lo que está haciendo allí. Temo por él, pero nisiquiera tengo comunicación para poder decírselo. Estoy hasta las pelotas de mirar telediarios. Jokin dice que quizá no vuelvan hasta el lunes 2. Eso son nueve días. Qué chupi todo.

Me cago en Mali y en los malienses.

Asesino ha abandonado el jersey bala y ahora me sigue con la correa y mi converse derecha arrastrando de un cordón. Cada noche, después de apagar la luz, me tengo que volver a levantar para guardar la puta zapatilla. Como estoy blando, vuelve a darme mucha pena. Le abrazo y mastico pelos todo lo que puedo. Le pregunto «tú también le echas de menos ¿verdad asesino?» y él pone cara de «uy, no me digas que falta alguien…»