De paint hasta las balls

Qué de cuanto hacía que no pasaba yo por aquí. Antes sólo escribía cuando estaba triste, y ahora sólo escribo cuando estoy contento. El caso es joder la marrana. Pero bueno… he venido a hablar de mi paintball y eso es lo que voy a hacer.

Aguanté la contienda. Y no me mataron ni nada. Sobre todo porque me pasé el 90% del tiempo detrás de un cacho caja, abrazado a mi propia cabeza y diciendo ay-uy-ouch mientras el resto del mundo gritaba y disparaba como si aquello fuese El Álamo y nos estuviéramos jugando la independencia de Texas. Esa es mi triste confesión de hoy. Que yo quería demostrarle a Karlos que podía salir como un marine de esos de las películas, que se pintan la cara de betún y gritan ¡¡¡MORID MALDITOS!!! mientras desollan malos a golpes de ametralladora, pero no pude hacerlo porque estuve cantidad de ocupado abrazándome la cabeza y diciendo ay-uy-ouch detrás de un madero paria durante…no sé…doscientas o trescientas horas.

En mi defensa debo decir que aquello fue una puta locura y que NADIE hizo lo que dijimos de antemano que íbamos a hacer. Porque Karloszeta nos tuvo diez minutos con dibujitos y explicaciones de “tú te pones en el punto B, vosotros en el C y cuando dé la orden estos atacan hacia el D”, mientras yo le prestaba una atención inusitada en mí (sobre todo teniendo en cuenta la que le suelo prestar normalmente) y todo PARA NADA. Porque en cuanto el árbitro abría la batalla salían todos como una manada de búfalos, pegando tiros en plan cobabunga-Santiago-y-cierra-España mientras yo seguía buscando el punto B de las pelotas entre ays uys y ouchs. Así pasaba, claro. Que para cuando lograba saber dónde cojones estaba, debajo de ese puto casco con el que no veía una mierda, ya hacía veinte minutos que los demás habían ganado la batalla a hostia limpia. Y cuando digo a hostia, digo a hostia. Que una de las veces, desde mi correspondiente madero absurdo, pude ver como el autobusero se quedaba sin cargas y le tiraba el fusil a la cabeza a un cabagge patch kid. Que si le llega a ver el árbitro, le manda al vestuario con el silbato metido por el recto.

Y cuando entre misión y misión, yo preguntaba “¿por qué planeáis estrategia si luego no hacéis ni puto caso?” todos se reían, me rascaban la cabeza como si yo fuera la cabra de la legión y me decían “tú a tu aire, tú a tu aire…”

A mi aire. Tócate los huevos. A mi aire hubiera sido subirme al tejado de la caseta y tomarme una cervecita allí arriba viendo como los demás se arrancaban la cabeza, pero no lo hice, porque lo más probable es que Rambosco hubiera aprovechado mi posición para convertirme en muñequito de pimpampún incluso a pesar de que yo estuviera en su equipo, porque es bien sabido que autobusero + fusil = psicópata.

Bueno, pues al final ganamos. ¿Cómo? ni puta idea. Y me encargaron capturar la bandera y lo hice. ¿Cómo? pues ni puta idea tampoco. Creo que a base de verme dar vueltas como un topo borracho abrazado a mi cabeza y soltando ays, jamás pensaron que Karlos me mandaría a por la bandera. Así que mientras se dedicaban a disparar a los que de verdad salían gritando MORID MALDITOS, yo por la retaguardia con el casco encima de la nariz y la misma agilidad de movimientos que Espinete en una lucha de barro, la trinqué y me la llevé. Cuando ya la tenía en mi territorio, el cabagge patch kids suizo me metió un tiro en los riñones que me dejó doblado. A partir de ahí, de topo borracho pasé a ser topo borracho mártir y todos empezaron a vitorearme y a decirme lo bueno que era, y lo fieramente que había luchado detrás de mis maderitos parias, así que al final quedé como un héroe absurdo tipo Forrest Gump y el suizo como un asesino maldito y despiadado de Espinetes que cogen el fusil al revés y se pasan la batalla diciendo esperadme-esperadme-dónde estáis-ay-uy-ouch.

Lo de mi minuto de gloria con el fusil del revés lo tendré que dibujar el sábado. Es demasiado idiota para describirlo con palabras.