El futuro imperfecto

He pasado los 45 minutos más estúpidos y terribles de mi vida, buscando aparcamiento mientras me hacía pis. Las he pasado putas. Pero putas, putas, putas, como no las había pasado en mucho tiempo. De verdad, juro que si llego a pillar alguna calle estrecha, allí mismo hubiera asomado la puntita de la minga por la puerta del conductor, y habría ido regando la acera con mi adn, por lo menos hasta el primer cruce (que hubiera sido ya menester guardarla, por aquello de que no me golpeara la puerta una moto y tuviera que parar el coche para recoger del suelo mi prepucio).

Necesito una plaza de aparcamiento, ergo necesito dinero, ergo necesito otro trabajo, ergo necesito un milagro, ergo será mejor que la próxima vez salga de la facultad meadito y acepte mis penosas limitaciones.

El pollo sigue vivo y creo (creo) que tiene incluso los ojos más abiertos que antes. Ha resultado ser un pollo cantidad de espabilado. Hoy se las ha apañado para escaparse de la caja y hacer un recorrido turístico por todo el despacho. He encontrado minicagaditas hasta dentro de mis zapatillas. No sé cómo coño ha conseguido saltar por encima del cartón. Tiene casi tres palmos de altura. He buscado algún indicio alrededor que me diera una explicación, no sé… una cuerda hecha con kleenex anudados… una catapulta para pollos… una minipértiga… pero no he encontrado ninguna pista que resuelva el misterio, así que por ahora me limitaré a pensar que simplemente es así de chulo, y vuela. Mañana iré a la tienda y le compraré una jaula de conejos. Así estará cerrado y a salvo. Ya son dos, los gatos que hacen guardia frente a su puerta con cara de pandilleros. Y sospecho que cuando Peyote se canse de intentar parar la estampidobola de Palomeque, ya serán tres. Coño…esto es un sinvivir. No sé por qué no pueden ser todos tan buenos como Asesino, que el pobre, salvo lo de guardar el transportín 537 veces al día, no me da ningún disgusto.

Tengo que disfrazarme de Naruto el día 12 para acompañar a Ana al Expomanga. Cada vez que lo pienso me suda hasta el culo, pero no puedo hacer nada, porque se lo prometí, y cuando se le promete algo a una adolescente que está llorando, lo único que puedes hacer es aguantarte y cumplirlo. He buscado desesperadamente y sin éxito, algún disfraz que me escondiera del mundo, tipo Totoro, pero no ha habido forma ni consenso, así que me rindo a Naruto y a las siete horas que tendré que pasar haciendo el gilipollas vestido de naranja butano y esquivando cámaras de móvil. No sé cómo coño hago para terminar metiéndome siempre en todos los follones. Al final resultará que tengo un don, como mi pollo volador.

Karlos tiene que marcharse cuatro días a El Líbano. Alegría, alegría y pan de madagaspollas.