Marathones y diamantes

Karloszeta y su tropa de zumbaos (esos mismos que me dieron oficialmente por culo en el paintball) han corrido la marathon madrileña. Me he levantado a las 8 de la mañana para ir a animarles durante toda la carrera a golpe de bici. Bueno… la idea inicial era esa. Luego he descubierto lo que mola el cinturón ciclista de Madrid Río, seguido de lo que molan las tirolinas, seguido de lo que mola el puente tubular, seguido de lo que molan los toboganes, seguido de lo que mola el pincho de tortilla en las terracitas… y luego ya, cuando he vuelto a pillar la carrera, no tenía ni puta idea de por dónde iban estos, así que me he limitado a acercarme a la zona de meta para verlos entrar.

Yo soy así. De natural volátil. Si me confiaran a mí la llama olímpica iban a tener que encender el pebetero con cerillas.

He estado un buen rato esperando y animando con palmitas y ole-ole a un montón de corredores que me importaban un huevo de pato, hasta que los he visto aparecer. Karloszeta tiraba de ellos cosa fina. Si uno quiere morir, nada mejor que ponerse a seguir al norteño por tierra, mar o aire. Es como si llevara baterías en el culo. Estoy convencido de que el día que se muera, lo hará con un clic, como las desbrozadoras. Se ha puesto cantidad de contento cuando me ha visto. Me ha gritado “¡para la de 20 kms. te quiero aquí conmigo!” Yo he sonreído mucho agitando las manitas y he dicho “¡sí, sí!” pero en realidad he sido un puto metiroso, porque para mis adentros estaba pensando “los cojones me vas a meter en esto”, así que hoy soy oficialmente un traidor a la causa marathoniana.

Han hecho un tiempo cojonudo. 3h y poco. Y no ha habido que lamentar bajas, lesiones, ni retrasos en el equipo, aunque única y exclusivamente porque yo no he corrido con ellos, así que por primera vez, siendo un nenaza de mierda, he contribuído poderosamente al desarrollo deportivo del equipo de running karloscético.

Ya tengo mi diamante negro tallado junto con mi ammonite. Es cuadrado y mola todo. Tiene reflejos irisados cantidad de extraños. La señora del taller de joyería ayer puso cara de asco para decirme que un diamante como ese NUNCA se debería llevar con un cordón de cuero. Yo me puse un poco colorado. Karlos se limitó a poner los huevos en la mesa, como siempre. Le dijo a la señora que un diamante en principio se llevaba cómo te salía de los cojones siempre que fuera tuyo (literal). La señora se calló pero le dedicó una expresión como de querer ahorcarle con el cordoncito de las gafas. Cuando salimos, me sentí un poco zarrapastroso por el comentario de la señora meticona, y le dije a Karlos que a lo mejor me compraba una cadena para el diamante. Me dijo “como lo hagas, te lo quito echando hostias.”

He decidido dejarlo en el cordón de cuero porsiaca resulta que es verdad. Últimamente Karlos se da un aire maternal “o te comes las acelgas o las desayunas mañana” altamente preocupante. Cualquier día me sorprende limpiándome la cara con el pañuelo mojado en salivita y diciendo “aypordiosesteniño peromiraquéchurretes…”