Lunesmartes

Menos mal que me ha dado tiempo a reescribir un poco el diario de ayer antes de que lo lea Karlos, porque parece talmente que lo hubiera escrito con la punta del prepucio. No sé qué me pasa con la redacción por las noches. Es como si vinieran las musas a hacerme un dibi-dibadi-dibú y me cambiaran el cerebro por un boniato. No doy ni una. A ver si un día de estos escarmiento y me autotrepano antes de sentarme al mac.

Ya se ha ido Karlos. Ahora ya puedo dedicarme a tachar palitos en la pared, como los presos, pero de una forma un poco más madura que la última vez, que me porté (patadita de autocrítica) como un nenaza llorica y collejero. En la puerta de la nevera me ha dejado esta mañana una lista, cachondo él, con 10 razones positivas para estar contento con su ausencia. El punto 3 decía “como no estoy, por fín podrás comerte las dos panteras rosas que tienes escondidas en la caja de los zapatos, y así no me enteraré de que las compraste hace 15 días cuando me dijiste que sólo ibas a por pipas de calabaza.” He estado descojonándome con eso toda la mañana. Sobre todo porque es verdad y el cabrón me ha pillado con las dos zarpas en la masa (bimbo).

Cuando deje de hacerme gracia la cosa, será mejor que revise un poco mis escondites estratégicos de comida basura. Obviamente, de estratégicos empiezan a tener bien poco.

He ido con Ana a casa de su abuela a probarme el disfraz de Naruto. No tengo palabras. De verdad, no las tengo. Ana está feliz y emocionada. Yo estoy más o menos todo lo contrario. Con él puesto soy como un cani chandalero naranja butano, pero con zapatillas de carpanta (o sea, sin puntera y enseñando deditos). No es que esté ridículo. Es que voy mucho, mucho, MUCHO más allá. Soy la representación paradigmática de lo patético hecha cani chandalero.

Mi único consuelo es que Ana llevará sujetador de cuero, katana y minishorts. Considerando que voy a meterme en un recinto en el que se juntarán aproximadamente 20.000 treintañeros vírgenes, ir a su lado será casi como convertirme en el Naruto invisible.

O eso espero.