No te lo vas a creer pero voy a cambiar la cabecera

Hoy he llegado media hora antes al trabajo. Se nota cantidad que ahora mis noches sólo sirven para dormir. Bueno. Te dejo cinco cosas. Tú me dejaste diez, yo te dejo cinco. Es lo que hay, si de verdad quieres que saque esas dos asignaturas.

1. Se ha muerto Jander. Tenías razón, no aguantó. Ahora tengo una jaula de pollos sin pollo, así que creo que voy a emplearla en otra cosa. Quizá la intercomunique con la otra y monte un chill-out multisalas para ratones.

2. No sabía que hacer con los despojos de Jander así que lo metí en la bolsa de la basura. Pero resulta que las bolsas del Mercadona son semitransparentes, así que al sacarla para la recogida, ví al pollo aplastado contra el plástico y me dió un mal rollo que no veas. Tuve que volver a subir, abrir la bolsa, hurgar en la basura, sacar el pollo y volverla a cerrar. Le he metido en un tupperware en el congelador, hasta que se me ocurra algo. Sé que es una de esas cosas terribles con las que te estarás riendo veinte minutos (o veinte días).

3. Por fin ví El Árbol de la Vida. Me pareció maravillosa. De verdad. Absolutamente maravillosa. Como parte de mi entusiasmo, cuento con que la ví tirado en el sofá, a oscuras y completamente relajado. A lo mejor en una butaca de cine, contigo quitándome las palomitas no me había llegado tan dentro. No lo sé. Desde luego hoy me ha parecido una película increíble y magnífica. Este sábado la veré otra vez, más lentamente y, si puedo, con un poquito de marihuana. Estate atento, porque lo mismo veo a Dios.

4. Anoche me comí las dos panteras rosas. Me sentaron como un tiro, aunque creo que fue más el sentimiento de culpa que el colorante E-320. Para diluir la cosa me preparé un mojito, y fue como apagar un incendio con una cucharadita de lava. Cuando me levanté de madrugada a por la sal de fruta, me pareció oir una risa sardónica procedente de algún lugar de El Líbano.

5. Mi rosa de Sant Jordi se ha abierto. Flipo con que todavía las rosas se abran, cuando ya nisiquiera huelen. Peyote la ha tirado ocho veces porque le mola mogollón ver el cuarto de litro de agua deslizarse por el tapete. Me gustaría romperle el hocico, pero no puedo porque me sigo descojonando con los ojos satánicos que pone al empujar el búcaro con la zarpa. Cuando entre el/la niño/a en esta casa, será mejor que la disciplina la impongas tú. A cambio yo puedo inventarme los juegos absurdos que pongan en peligro la integridad física. Ya sabes. Diversificación parental. Al fin y al cabo, soy el que tiene un pollo muerto en el congelador.

6. He dicho cinco, tío. Cin-co.