Lección de hoy: El mac escogorcia la tipografía

Buenos días nos dé Zeus. Por un quítame-allá-esa-contractura, hoy es el primer día que puedo mover el brazo derecho, así que para celebrarlo voy a postear desde el trabajo con mucha alegría-alegría y pan de Madagascar. La verdad es que entre el borrado aniquilador de archivos  y la contractura del hombro, llevo unos días maravistupendos. El dios blogspoter me ha debido castigar por reírme de los posteadores dispersos. Me está bien empleado. Si cerrara la bocaza un 25% más de lo que lo hago, podría dedicar la cabeza  tranquilamente a cosas más prácticas. Como por ejemplo, mirar por dónde piso para no contracturarme.

He sacado a Jander del congelador. Esther me dió la idea de enterrarle en una maceta plantando flores encima y me pareció bastante más poético que una bolsa de basura con autocierre. Lo que ocurre es que en esta casa el de las plantas es Karlos. Yo sólo soy el de los hierbajos que nacen y mueren en el tiempo que dura un pedo. Con lo cual, ahí anda el pobre Jander. Enterrado en una maceta de nada, esperando a que a mí se me ocurra qué demonios plantar encima. Y la verdad, pensándolo seriamente… como que casi estaba mejor en el tupperware del congelador, porque ahora, cada vez que veo la maceta, pienso que tengo una minitumba en la terraza y me vuelve a entrar un mal rollito que no veas. 
Karlos ha llamado a un amigo entrenador de perros para ver si solucionamos los problemas emocionales de Asesino. A pesar de mis esfuerzos ansiolíticos, la cosa no ha hecho más que empeorar. A día de hoy, ya se trae a la cama la correa, el jersey-bala, el transportín, mi zapatilla izquierda y un churiburrio de goma que le compré para jugar en el parque. Su pack de ocio perruno al completo. Tranquilamente y sin inmutarse, va cogiendo cosa por cosa, y desplazándola por tooooooda la casa, según me vaya desplazando yo, para terminar amontonándolas a mis pies, en cuanto me paro. Y así un día… y otro… y otro…
Voy a saltarme las clases para poder estar en casa cuando venga el entrenador. Con mis mascotas soy como una matrona irlandesa; no me fío ni de mi padre. De hecho, como le vea castigar físicamente al perro o pasarse con los gritos, Asesino tendrá una chorrada menos que llevar por la casa, porque el tipo volverá a la suya con el churiburrio de goma metido por el recto.