Definitivamente, este finde me cargo la cabecera

Anoche empecé la terapia que me recomendó el entrenador con Asesino. Consiste en cabrearme cada vez que le vea coger su kit con la boca, decirle “¡asesino-no!” de una forma seca, poner cara de mala hostia señalando el armario del recibidor para que vuelva a dejarlo todo en su sitio y, en caso de que no reaccione, darle un toque de forma brusca en los cuartos traseros para que entienda que estoy enfadado.

Lo pasé putas. Tan putas que en realidad, no hice nada de lo que debía. En lugar de cabrearme, me puse nervioso. En lugar de “¡asesino-no!” dije “asesinocoñonomemiresasí”, en lugar de poner cara de mala hostia y señalar el armario, puse cara de nenaza compasiva y me señalé los pies (cortocircuito cerebral) y en lugar de darle un toque brusco en los cuartos traseros, le hice un cuchi con pucheros en los bigotes.
O sea… un éxito. Si me ve César Millán, directamente me escupe.
Qué desastre. Voy a ser un padre de mierda. Cuanto antes lo acepte, mejor. Estos días nos están enseñando el lenguaje de signos. Le voy a decir a la profesora que lo primero que necesito saber es “si quieres algo peligroso, mejor pídeselo al vasco.”
Esta mañana temprano nos ha llamado el jefe a Diosdado y a mí al despacho para decirnos que intentemos venir al trabajo con traje y corbata, para mantener la uniformidad del departamento. Diosdado se ha puesto cantidad de nervioso. Le ha dicho al jefe que él había venido muchas veces con traje (cosa que es cierta) y que sentía muchísimo haber bajado la guardia con respecto a la vestimenta (y eso que él por lo menos lleva zapatos y no gasta camisetas absurdas). Yo, como ya es la sexta vez que paso por lo mismo, no me he puesto nervioso, ni he dicho nada. Sólo he puesto mi habitual cara de “sí señor lo que usted diga”, para que mi jefe me dedicara la suya de “sé que esta vez tampoco me harás ni puto caso”, antes de que yo me despidiera con la mía de “si me da usted un plus salarial para trajes estoy dispuesto”, y él pusiera la suya de “el año que viene cuando te lo diga por séptima vez lo hablamos.”
La verdad es que la comunicación por signos sin signos entre mi jefe y yo ha funcionado siempre con una conductividad pasmosa.