Huele a porras calentitas. Muerte lenta de viernes

No escribo nada. Solo juego a diablo III… como… juego a diablo III… hago pis… juego a diablo III… estudio… juego a diablo III…

Cualquiera pensaría que mi vida es muy triste, pero no. Lo único triste es mi capacidad cerebral. Cuando me engancho a algo no conozco ni a mi madre (única y verdadera razón por la que las bolsas de cheetos no entran en esta casa). El otro día, cuando Karlos me regaló la tarjeta gráfica, yo ya le advertí con creces que aquello iba a ser como destapar la caja de Pandora. Así que como he avisado, me siento unos 250 grs. menos culpable.
Bueno. Pues apunte de hoy: Alegría, alegría y pan de Madagascar porque finalmente nos han aceptado en el plan de acogida de niños con discapacidad. Flipamos por lo rápido que ha sido todo y lo fácil que nos lo han puesto, y deducimos que si han pasado por alto lo del sable láser, los gatos con nombres de drogas y la lengua sucia del padre norteño, es porque no deben de sobrarles precisamente las solicitudes (cosa entendible, por otro lado, porque el mundo está hecho así y el ser humano también). Nos han asignado un expediente para después del verano. El niño, del cual ya hablaré más cuando llegue el momento para no activar mi maldición djin, es sordo y con algunos problemas neurológicos, así que tenemos exactamente cuatro meses para aprendernos bien el lenguaje de los signos. Bueno… aprendérmelo yo. Karloszeta fiel a su “todo me sale bien porque el mundo me suda la minga”, ya se maneja de coña con lo de la comunicación manual. De hecho, ayer estuvo cerca de 40 minutos manteniendo una conversación de signos con la profe sin ningún problema, mientras yo no paraba de girarme hacia uno y otro, con cara de vaca mirando al tren. Toda mi aportación consistió en reirme (sin ganas) cuando les veía reirse a ellos, para que no se notara que no entendía una mierda, así que espero que no me estuvieran insultando o algo así.
Voy a ir a probar el Shambhala en Julio. Yipi-yipi-yey.
No… el del Himalaya no. El de Port Aventura. Soy aventurero, pero no tanto.
Vale, está bien. Tampoco soy aventurero. Sé que mi diario del viaje a China terminará siendo como el de la Patagonia: un episodio director’s cut de Epi y Blas.