Apuntes exprés para recordar que no recuerdo nada

Mi jefe está organizando una partida de paintball para el departamento. No estamos seguros de que sea una buena o una mala noticia, pero a estas horas de la tarde, ya se han apuntado todos a la lista. Todos. Hasta las señoras cardadas de contabilidad. Desde que han dado la noticia esta mañana a mediodía, yo no salgo de mi asombro. Hace un rato he oído a Doña Mariví encargar en una tienda unos pantalones de camuflaje. Doña Mariví. Una señora de 57 años, que pasó su momento de máximo riesgo en la vida el día que se le cayó una lentilla dentro de la ensalada de pollo. Y Diosdado. Diosdado también va. El mismo Diosdado que dice «quéfuertemari», mientras se peina por decimoctava vez. El de las camisas de raso y los zapatos topolino.

Lo dicho. No salgo de mi asombro. Esto acaba en tragedia, sí o sí.
Después de dos semanas de ¡ASESINO-NO! y de topetazos con los dedos, Karlos ha logrado que el perro no nos traiga sus doscientos churiburrios por las noches a la cama. Ahora simplemente, los deja en el pasillo y los vigila desde la puerta. Cuando nos dormimos, los coloca de nuevo en la almohada, y luego, al despertarnos, pone cara de «uy…¿pero cómo ha llegado esto aquí?»
Hay que reconocer que como entrenadores somos un exitazo.