Muchos pocos mejor que pocos muchos

Karlos no duerme mucho últimamente porque está esperando que le concedan destino para el año que viene. Que te concedan un destino es algo que puede ser bueno o malo, porque supone que puedas quedarte en Madrid o tener que irte a vivir al culo del mundo durante un puñadito de años. Pero no a un culo guay, tipo Estocolmo, no… a un culo oscuro y perdido, tipo Yemen. No tenemos claro que pasará con el 2014 si destinan a Karlos al culomundo oscuro tipo Yemen, pero por ahora intentamos no pensarlo mucho y nos centramos en lo que nos centramos, que es planificar la vida como si fuéramos a seguir en Madrid.

Hago muchas idioteces para que Karlos se olvide de preocuparse. Le pongo notas dentro de los bocadillos… le dibujo viñetas y se las cuelgo en la nevera… le grabo frases idiotas y se las cargo en el ipod…  Por las tardesnoches voy a verle entrenar con su equipo de rugby y le digo muchas burradas desde las gradas con el lenguaje de los signos. Se ríe mucho con eso. A menudo más de lo que debería, así que sospecho que debo estar diciendo cosas diferentes a las que en realidad quiero decir. A veces, cuando le toca descansar, me contesta, pero es como si no lo hiciera, porque sigo sin entender una puñeta. Hoy por hoy, lo único que me sale bien es lo de los aplausos. Me flipan los aplausos en lenguaje de sordos. Tienes que levantar las dos manos y girar las muñecas hacia los lados pimpam-pimpam. Y así más o menos dices ¡yupi! ¡viva! ¡bien!
Como es lo único que me sale perfecto, muchas veces Karlos desde el campo me dice “como no te estés quieto vuelves a casa en el maletero” y yo desde las gradas le contesto “¡yupi! ¡viva! ¡bien!”