Para… respira… comienza

Estoy muy cansado. Cansado de los exámenes porque tengo que licenciarme este año como sea, y cansado de preocuparme y angustiarme por muchas cosas que dan vueltas en mi cabeza, como si esta fuera un globo de farola nocturna infestado de polillas.

No me apetecía mucho lo de ir a Yemen. Me casé por algo. Si hubiera tenido que ir a Yemen, pues hubiera ido a Yemen. Es una gilipollez de autoengaño pretender mantener una relación amorosa en la distancia. Una ruina en ciernes que no hay andamio que sostenga. Pero no me apetecía mucho, y para que no se notara que no me apetecía, pasé las últimas semanas forzando alegrías y sonrisas que contribuyeron a cansarme aún más, porque no hay nada más cansado que tener que ser otro, cuando se te escapa el yo real por entre todas las costuras.

Ayer, mientras Karlos conducía de vuelta a casa, después de la brutalmente caótica partida de air soft, me dí cuenta de lo cansado que estaba. Me ví reflejado en el retrovisor del coche, con la bolsa de hielo apretada contra la brecha de la cabeza, miré mis ojeras de 15 noches estudiantes, y supe que más o menos, había alcanzado mi pico de cansancio. Y que necesitaba como fuera volver a dormir, para volver a tranquilizarme, para volver a escribir, para volver a dibujar, para volver a sentirme un poco yo.

Y…toda esta breve tontería la dejo escrita para autorecordarme que no he tirado ninguna toalla, ni me he esfumado en ningún truco de magia. Que simplemente soy como esos cochecitos que teníamos de pequeños que había que presionar contra el suelo y tirar hacia atrás para que salieran disparados.

Y que sólo estoy esperando a que los dedos me suelten.