…toma aire… vuelve…

En el espacio de tres meses vaciará esta casa, empaquetará todas nuestras cosas, firmará el contrato para alquilar el dúplex, firmará las escrituras del nuevo chalet, contratará la mudanza, organizará el empaquetado, llenará con nuestras cosas la nueva casa, formalizará el pago, formalizará los seguros y los contratos de agua, luz, gas…, dará de baja la plaza de garaje, cambiará el empadronamiento, contrará la reforma del baño, elegirá los azulejos, comprará los nuevos muebles de cocina, contratará un jardinero que desbroce el jardín y pavimente el patio, organizará el viaje a China, preparará el equipaje y las rutas, hablará con sus amigos de Vietnam mientras las cajas aún inunden toda la planta baja de nuestra nueva casa, viajará a China y Vietnam, me enseñará China y Vietnam, hará mil fotos, regresará de China y Vietnam, tendrá las últimas reuniones para la acogida de Simón, hablará con los asistentes sociales, les enseñará la nueva casa, preparará la habitación de Simón, asistirá a las charlas sobre implantes cocleares y angiomas cerebrales de la asociación de padres de niños con discapacidad, recorrerá las perreras buscando un nuevo perro que cuide la casa, aceptará su traslado, cambiará de trabajo, tomará posesión de su cargo, conocerá a su equipo, empezará desde cero…

En tres meses. Y ni se inmuta. Sólo sonríe tranquilo y dice “yo me encargo, tú sólo estudia.”

Yo sólo estudio.

Y estoy agotado. Agotado. Y he dormido. Pero sigo agotado. Como si alguien me hubiera cerrado el fuelle.

Todos necesitamos héroes en algún momento de nuestra vida. Todos. Los que lo negamos, también.

Los que lo negamos, más.