No me importaría mutar en caracol

Anoche fuí a ver Moonrise Kingdom con Jokin. Fuimos él y yo solos. Su último novio prefirió salir de marcha con algunos amigos. Jokin no parecía sorprendido. “Contaba con que este chico no sería una relación consistente”. Yo le dije que la culpa era también suya porque siempre escogía a prototipos de chico de relación inconsistente, esto es, guapos, dispersos y un pelín descerebrados. Él se puso un poco triste y dijo “eso es porque los chicos de relaciones serias no suelen elegirme a mí”.

Me dieron ganas de soltar una risotada y decir “amosvengayá”, pero por aquello de que no me mandara a la mierda y me quitara las palomitas (que había pagado él), me controlé poniendo cara de vaca mirando al tren y sólo dije “aham…” Aham es mi respuesta universal. La uso para todas aquellas veces que no quiero responder. Antes de eso me limitaba a quedarme en silencio con ojos de besugo, pero media docena de bofetadas que recibí a cambio de pequeño, me agudizaron el ingenio para la búsqueda de nuevas conductas. Ahora cambio los silencios por ahams y hala… todos felices y yo tranquilo.
Me encantó la película de Wes Anderson. Se me olvidó por completo que el mundo era mundo y estaba hecho una mierda. Me gustan los directores que están locos. Todos los locos deberían dedicarse al arte. De verdad. Sin trascendencia, la vida mejoraría una barbaridad.
He contado las cajas que llevo. Dieciocho, excepto tres que he tenido que abrir porque en una se me había quedado el hamster empaquetado, con bola y todo, y no acertaba a saber en cuál. No es nada nuevo. Le he tenido que sacar de sitios inverosímiles en los últimos dos días. Desde que le he vuelto a sacar la bola está desatado. Creo que intenta batir algún record de carrera 1.000 metros-hamster o algo asi. Y como encima yo estoy en babia, me pasa el rumblerumblerumble por delante de las narices y es que ni me entero. Quizá intenta manifestarse ante la autoridad competente por lo de ser el único bicho de esta casa que aún no se llama de ninguna forma.
Sí… aún no le he puesto nombre al hamster 2. Al final sacaré el dado silábico y escogeré tres sílabas al azar como hice con el pez Cucujo. Lo único que me retiene es la posibilidad de que el pobre termine llamándose cacaza o algo así.
Este sábado es mi cumpleaños. Alegría, alegría y pan de Madagascar.