Rapidito y a vuelapluma

Perdón por la redacción guarra. Improviso.

1. Ya estamos en la casa nueva. Los animales y yo. Karlos está en Marruecos. Aunque digo “la casa nueva” aún no es muy casa que digamos. Sólo hay cuartos vacíos llenos de cajas y muebles que todavía llevan los plásticos de la mudanza. Debería haber utilizado el fin de semana para solucionarlo, pero no lo he hecho, porque estoy en estado mental vegetativo tipo B, que es el que me dota de capacidad para ver la tele, comer pizzas y quejarme.
2. Diplodocus ladra a la oscuridad. ¿Por qué? no lo sé. Sólo sé que se asoma por el jardín y ladra y gruñe al exterior. Me acojona seriamente porque mi teoría del “estará ladrando a algún animal que haya fuera” se desmonta al pensar que convive con tres gatos, otro perro, dos ratones y un loro. ¿Es quizá un perro que sólo ladra a los conejos? pues vaya usted a saber. Hoy por hoy me limito a acojonarme por lo que pudiera haber al otro lado de la verja cuando se va la luz (porque NUNCA ladra de día) y a dormir cerca del bate de baseball. Hasta que vuelva Karlos. Cuando vuelva Karlos me limitaré a esconderme en su espalda y dejar que él lo solucione. Él es el fuerte y yo el absurdo. Lo he dicho muchas veces.
3. Diplodocus se mea en el salón. ¿Por qué? pues tampoco lo sé. Porque está herido, asustado, y todo es nuevo para él. Hay que darle tiempo. Con paciencia y un entrenamiento concienzudo por mi parte… seguramente también se mee en la cocina.
4. Mi cuñado está de vacaciones, así que el loro vuelve a estar de erasmus con nosotros. Maldita sea su calavera de loro. Si hay algo peor que vivir entre 2000 cajas, es vivir entre 2000 cajas con un loro que te pide que le beses el culo. No contribuye en absoluto a mi buen estado anímico, cuanto menos a mi voluntad de ponerme a colocar muebles y chimpunes.
5. En estos momentos tenemos gas. No… en las tripas, no. En la casa. Hasta esta mañana, nuestra alimentación (o la mía más bien) se limitaba al consumo de todo aquello que pudiera ser pasado por un horno eléctrico. Y en ese amplísimo abanico, había que excluir cosas difíciles de fregar (por ausencia de agua caliente) y de comer (por ausencia de menaje). Conclusión: dos días de pizza con sandwiches, acompañados de más pizza, con guarnición de más sandwiches.
6. Tengo un vecino amable, paciente y raro, de vejez indeterminada, que lleva un peluquín marrón caca y tiene un jardín de esos insultantes, con doscientos millones de hortensias explotando en plan masivo. Digo que es amable porque me ofreció su baño para poder ducharme hasta que tuviéramos gas. Paciente, porque aguantó como un campeón mis 45′ de conversación sobre Batman (las mudanzas me desequilibran) y raro, porque en su baño descubrí unos veinte jaboncitos perfumados con forma de animalitos, perfectamente alineados por colores y tamaños, además de un cesto con 28 minitoalllitas violetas, atadas con lacitos blancos y bordadas cada una con una letra del abecedario. Tan cohibido me dejó el descubrimiento, que me limité a la ducha rápida y me guardé el pis para casa. Para que te salga el pis rodeado de puntillas y animalitos de jabón tienes que estar muy, muy MUY entrenado y francamente… no es el caso. Mi arte bañodecorativo se limita a guardar el cortauñas en una taza de Star Wars. 
7. Me traen la nevera nueva.
8. Diplodocus se ha hecho pis. Más pis.
9. Socorro…