Simonerías

Ese de la foto soy yo. Me lo hizo Simón ayer. Yo le dije «pero dibújame con un gorro guay», pensando en Batman o en Lucky Luke, y él me plantificó un gorro de papá Noel. Con dos cojones. Normal. No hay nada más guay que Papá Noel. «Pero no es Navidad, Simón. Ponme algo para el sol…» Pues ya está. Dos agujeros en el gorro para que no pase calor pim-pam. Un chico con recursos. Me encanta. Luego coge las ceras y empieza a emborronar como siempre zum-verde… zum-azul… zum-amarillo… Todo rodeándome el cabezón. «No me has tapado la cara…». Hace unas señas rápidas con sus dedos pequeñitos que no pillo. Karlos suelta una carcajada. «Dice que taparte la cara no, que si no, no nos ves». Ciego de un ataque de color. Me encanta más aún.

Todo fue perfecto. Nos reímos mucho. Él también. Cuando entramos, se levantó la camiseta para no mirarnos, tal y como le habíamos visto hacer en el vídeo. Yo saqué la plastilina. «Como no nos miras, voy a hacer un elefante de los que pierden la trompa». Ahí asomó la nariz y me miró. Me senté a su mesa, en una minisilla ridícula, con las rodillas casi dándome en el pecho. Igual daba. A los pocos minutos, ya le tenía sentado al lado mirando fijamente mis manos, aún con la nariz asomando por la camiseta verde. Le puse un pegote de plastilina en el ombligo. Karlos le bajó la camiseta corriendo: «Sssht… que no te vean el ombligo sucio que te llevan a la ducha.» Se rió. Cogió a Karlos de la mano y le llevó donde tenía sus dibujos para enseñárselos. A Karlos, literalmente, se le hizo el culo pepsicola. «¿Me haces un dibujo a mí?» Él me señaló. «¿A Ariel? venga, a Ariel.» A partir de ahí, todo rodó rápido y fácil.
No entendí  casi nada de lo que me dijo por señas. Descubrí  por fín que todo lo que he aprendido no me sirve de nada con un niño de cuatro años, porque él es mucho más rápido y más sencillo que mi profesora de signos. Simplifica palabras. No te dice «quiero beber por favor…» Simplemente dice «agua» o «vaso» y tira. Lo demás debes adivinarlo tú. Karlos sí le entendió todo. Así que él hablaba y Karlos me traducía. Los dos se reían mucho. Me dió rabia no participar de una forma tan ágil. Le he pedido a Karlos que me enseñe a hacerlo mejor. Él dice que en cuanto pase un par de días con él, enseguida le cogeré el tranquillo. Ojalá, ojalá…
La asistente nos dice que no nos hagamos ilusiones, porque hay niños que incluso después de un buen comienzo, luego no quieren irse con sus tutores de acogida. Karlos dijo «No, claro que no nos hacemos ilusiones, tranquila…» y yo dije «no, por supuesto, ya contamos con eso…»
No sé si alguna vez habíamos mentido tanto y de una forma tan sincronizada.