Creo que se me está pasando la gilipollez solar

Estamos en Madrid. Esto es divertido de la muerte. Madrid-París, París-Madrid, Madrid-París… Pero tiene su lado bueno. Asesino tiene la picha tan sumamente hecha un lío, que ya no trae sus cachivaches a la cama. Es más…juraría que me empieza a poner cara de “oye, cuando salgáis yo no voy, que es que ponen CSI y tal…”

Diplodocus no pone cara de nada, porque como es gigante, se queda todo el rato en París y no sufre tanto stress. Sólo el que le produce la Señora Faver con sus dientes de oro y su jamalají-jamalajá constante.

Simón ha manchado el sofá con los lápices de colores esta mañana. Se ha llevado un disgusto excesivo a todos los niveles. Nos lo hemos encontrado agarrado a su bloc de dibujo, señalando la mancha y llorando como una magdalena, cuando nosotros no nos habíamos dado ni cuenta. Pobrecico. Intuímos que en el centro donde está, les deben de castigar hasta cuando respiran más de la cuenta. Ha molado ver a Karlos enfocar la situación. Se ha agachado, le ha cogido de los hombros y le ha dicho “1. NADA de llorar. Cuando lloras, la gente no te hace caso ¿vale? 2. NADA de llorar por un accidente. No se llora cuando tú no tienes la culpa y 3. NADA de llorar por manchar un sofá. Esta casa es para vivir y para dibujar, no para poner en un escaparate.”

Me he reenamorado un poco de Karloszeta, pero se me ha pasado enseguida, cuando ha añadido el punto 4. que venía a ser algo como “Ariel lo mancha todo, y yo le sigo queriendo igual”. Mamonazo. Si no fuera porque tenemos que irnos a la piscina, ahora mismo le dibujaba unos monigotitos con polla en la pared de su escritorio.

Eso. Que nos vamos a la piscina, para ver si aprendemos del todo a nadar sin los manguitos. Que luego más.

No. Me refería a Simón. Karlos y yo ya nadamos sin manguitos. Bueno… yo, más o menos.