Vengavamospallá

Entre todas las cosas que tenía que hacer hoy, una era escribir en el blog. Lo tenía apuntado en el anverso de la mano, que es donde me apunto todas las cosas importantes (y las que no lo son). Apuntado lo llevaba, con rotulador rojo de ese de paper mate que no se quita ni frotando con estropajo. No me mola nada esto de sacar tres entradas al mes. El pachorrismo no es propio de mí. Que sea más o menos feliz no es excusa. Siempre hay algo que contar hoy, para que siempre haya algo que recordar mañana.

Por ejemplo, volví a asfixiarme cuando estábamos en París. Me ingresaron en una clínica donde todo era azul. Hasta los trajes de las enfermeras. Y me aburrí como una rana, ahí quieto tantas horas enchufado al oxígeno. Me faltó el pelo de un calvo para hacer una cuerda de sábanas y escaparme por la ventana. Pero ahora ya todo eso pasó y estoy más o menos bien. Más o menos. Salvo por una persistente tos de grajo y cierto tonillo de voz como de machote que se me ha quedado (por supuesto, eventual. En cuanto se disuelva el último virus ya volveré a mi voz habitual de ardilla esquizoide. Que me ha pasado muchas otras veces y ya no me ilusiono en vano).

Ahora mismo escribo desde Madrid. Nos han dejado a Simón cinco días seguidos, aprovechando unos días libres de Karlos, para ver cómo va respondiendo a estancias más largas. Creo que todos le damos más importancia al asunto que él. Simón pasa de todo y simplemente es feliz aprendiendo a montar en bicicleta con Asesino corriendo detrás intentando morderle los cordones de las zapatillas. Karlos está orgulloso porque le ha enseñado él (al niño a montar en bici, no al perro a morder cordones). Antes de entrar en casa, Simón no había visto una bicicleta en su vida. La fisioterapeuta le dijo a Karlos que, a pesar de que sería bueno para su psicomotricidad, no se molestara en enseñarle, porque no lograría montar bien, debido a sus problemas de coordinación. Karlos se pasó el consejo por el forro y siguió adelante, y… ahí está Simón. Ya con un solo ruedín y dando unas vueltas que se las pela. Aprendió en dos nanosegundos.

A veces, es bueno para todos que Karlos no haga ni puto caso a nada de lo que le dicen. En serio. Lo creo firmemente.

Estoy preparando con J. una web para mis comics. Alegría, alegría y pan de Madagascar. Nada mejor que otoño para los nuevos proyectos. Yo nací a la contra. Las melancolías me reactivan.